Extensión positiva

Extensión positiva
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

La extensión que realiza el Museo de Bellas Artes de su programa Obra Invitada al Museo Marítimo de Bilbao resulta ciertamente positiva e importante por dos razones. La primera se refiere a la sustanciación de un respaldo expositivo y cultural a un centro que necesita reforzar y refrescar su oferta permanente y temporal, lo mismo que precisa dinamizar y ampliar su estructura de patrocinio y respaldo social y empresarial. La existencia de un museo marítimo en Bilbao tiene toda la lógica en una ciudad cuya actividad marítima y naval es parte sustancial de su historia social, económica y cultural. El que uno de los principales museos de la ciudad comparta actividades expositivas y aporte obras de sus fondos que se vinculan temáticamente con la especialidad del Museo Marítimo no solo constituye un valioso apoyo a su oferta temporal, sino también la posibilidad de ofrecer una visión holística de ese todo integrado por la cultura, la economía y la industria.

Es el caso de la presencia de la obra de Quintín de Torre, 'El timonel', cuyo lenguaje creativo entre la figuración y la idealización o entre la renovación y el clasicismo expresa también la cultura del trabajo y esa tipología marítima tan vinculada con el ambiente vasco. De otro lado, la colaboración del Bellas Artes con el Museo Marítimo hace también honor a la vinculación de los dos museos que se establece en torno a los mecenas e impulsores de ambas instituciones, entre los cuales no se puede dejar de citar al inolvidable Patrick de la Sota, miembro de una saga familiar a la que se debe una extraordinaria aportación filantrópica a los fondos del Bellas Artes, de cuya comisión artística fue precisamente parte activa y entusiasta durante muchos años. De su recuerdo en el museo del parque y de su impulso decisivo al Museo Marítimo de Bilbao surgen, a buen seguro, numerosas pautas de actuación para la sociedad civil vasca.

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