La excepción se llama euskadi

La política vasca se ha librado de la ola reaccionaria que crece en la mayoría de las democracias

La excepción se llama euskadi
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Existe una verdadera preocupación internacional sobre la fragilidad de las democracias y su incapacidad para protegerse de sus enemigos. Un peligro que aparece a veces en forma de victoria electoral de las ideas que vulneran derechos fundamentales conquistados y otras veces en el crecimiento del espacio político que defiende y asume ese discurso para frenar a los que unos y otros comienzan a llamar por su nombre, neofascismo. En España han saltado las alarmas por la presentación multitudinaria de Vox, un partido que recogería esas ideas que están impugnando la propia esencia de la democracia liberal. Puede tener la misma intención de voto que el Pacma, el partido animalista, en torno al medio millón de votos. Pero al Pacma se le presta menos atención porque no pone en peligro la democracia tal como la entendemos. El partido animalista no discrimina a inmigrantes, mujeres, religiones o ideologías. El peligro que se cierne sobre las democracias no es simétrico, el avance de hombres como Salvini, Trump, Bolsonaro u Orban viene de la misma esquina del arco ideológico.

Desde la extrema derecha se están fabricando respuestas simples a la gran crisis económica y política que están siendo incorporadas con asombrosa rapidez por los partidos otrora conservadores y liberales, como es el caso del PP y Ciudadanos en España. La articulación en clave nacional de los discursos de estos partidos está confluyendo hacia la construcción de un nacionalismo español no solo de tinte excluyente con los inmigrantes, como sus homólogos de la extrema derecha internacional, sino con sus autóctonos que viven de forma diferente su identidad nacional. Los gritos de 'Puigdemont a prisión' o el 'A por ellos, oé!' que se oían en el mitin de Vox no son más peligrosos que las propuestas de ilegalización de partidos y de ideas nacionalistas no españolas. España ha dejado de ser una excepción como territorio europeo libre de la extrema derecha.

Euskadi se ha librado hasta ahora de esta ola reaccionaria y antidemocrática que no deja de crecer en la mayoría de las democracias del mundo. El panorama de la derecha en Euskadi se puede considerar un páramo. No solo su escasa fuerza electoral le impide construir un bloque que pretenda ser hegemónico, sino que la identidad social vasca no se ha perdido en los últimos años y se ha reforzado con los nuevos actores políticos. Salvo casos muy puntuales, como las elecciones municipales en Vitoria, la confrontación política en Euskadi no se caracteriza por la presencia en su agenda de ninguno de los temas que la ultraderecha ha empezado a infiltrar en el debate público.

El posicionamiento ideológico medio de los vascos es el centro izquierda. Es el más a la izquierda en el espacio europeo si atendemos a los datos de la Encuesta Social Europea. Por ejemplo, España tiene el triple de ciudadanos situados en la extrema derecha que Euskadi. El partido central y mayoritario del sistema, el PNV, está mucho más cerca de las posiciones ideológicas del PSE que de las del PP, según la ciudadanía vasca. Los votantes del PNV se definen a sí mismos como de centro-izquierda situándose de media en el 4,3 en una escala de cero a diez donde el cero es la extrema izquierda izquierda y el diez la extrema derecha.

Los datos parecen reforzar la idea de que Euskadi, tras el final de ETA, es un territorio hostil a los discursos antidemocráticos.¿Se confirmará en las próximas elecciones municipales y forales?

 

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