Excepción o alternativa

La interrogante a desvelar desde ya es si el modelo andaluz, el pacto de PP y C's avalado por Vox, tiene o no recorrido

Satisfacción. El secretario general de Vox, Javier Ortega, se levanta para estrechar la mano de su homólogo en el PP, Teodoro García Egea, tras cerrar el acuerdo./EFE
Satisfacción. El secretario general de Vox, Javier Ortega, se levanta para estrechar la mano de su homólogo en el PP, Teodoro García Egea, tras cerrar el acuerdo. / EFE
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Incógnita despejada. Treinta y seis años después -40 si contamos la etapa preautonómica- el cambio político será una realidad en Andalucía en pocos días. La comunidad más poblada de España deja de ser feudo del PSOE y pasa a estar gobernada por las derechas.

Las 19 exigencias de máximos que los ultraderechistas de Vox pusieron sobre la mesa del PP el martes como condición para apoyar la formación de un Gobierno de coalición de centroderecha no impidió el acuerdo. Santiago Abascal y los suyos han disfrutado de las veinticuatro horas de gloria que ansiaban antes de dar el único paso posible: avalar la investidura del conservador Juan Manuel Moreno Bonilla. Lo contrario, haber frustrado el cambio, hubiera supuesto su suicidio político y nadie en su sano juicio se quita de enmedio de este mundo en plena cresta de la ola.

Eso sí, la estrategia negociadora avalada por el nuevo líder popular, Pablo Casado, le ha supuesto fuertes críticas en su propio partido. Importantes barones regionales y otros dirigentes han mostrado en las últimas horas su desagrado porque el PP accediera a marear la perdiz con la violencia de género.

Era la forma de no romper con Vox. En el acuerdo a dos sellado ayer para que los ultras apoyen la investidura de Bonilla -Ciudadanos ha permanecido en todo momento al margen de la negociación- no se contempla ni esa ni otras de sus demandas más radicales, como la expulsión de 52.000 inmigrantes, la derogación de la ley de los derechos del colectivo LGTBI o la de igualdad de género.

El PP sí ha hecho concesiones, como es usual en una negociación. Entre ellas, crear una consejería de la Familia, cambiar la Ley andaluza de Memoria Histórica por otra Ley de Concordia, y buscar una inmigración ordenada.

Casado ya tiene, pues, el titular que perseguía: las derechas consiguen terminar con cuatro décadas de monopolio de las izquierdas en Andalucía. Eso sí, la letra pequeña es bastante menos satisfactoria. El PP, pese a su bofetón electoral, va a gobernar en coalición con C's, con el aval de partida de Vox, gracias al éxito de los de Rivera y los de Abascal. Entre los dos lograron el 2 de diciembre 300.000 votos más que los conservadores.

A futuro la gran interrogante que se abre desde ya es si la fórmula que va a llevar a Moreno Bonilla al poder y que le va a permitir empezar a gobernar sin agobios, aunque Vox decidirá su voto en cada momento, ha sido, es una fórmula coyuntural o si por el contrario tiene recorrido. Si vamos o no hacia un futuro duelo de las derechas contra las izquierdas.

La primera gran prueba de fuego llegará tras las elecciones locales del 26 de mayo, autonómicas también en la mayoría de las comunidades, entre ellas Navarra, además de europeas. Significados barones socialistas y algunos dirigentes regionales de Ciudadanos no han ocultado su deseo de formalizar pactos transversales entre ellos.

A tenor de la escenificación de los acuerdos -fotos por separado de PP con C's y con Vox, y comparecencias diferenciadas ante la Prensa- y de las invectivas que barones como el vasco Alfonso Alonso lanzaron ayer contra a Vox, el futuro de la fórmula no suena demasiado halagüeño. A día de hoy. La prudencia aconseja esperar la evolución de los acontecimientos y, sobre todo, ver cómo reacciona el electorado en mayo ante este primer gran éxito de la ultraderecha.