Euskadi y el 'Brexit'

Los riesgos de un divorcio traumático entre Reino Unido y la UE agudizan las incertidumbres que se ciernen sobre la economía vasca

Euskadi y el 'Brexit'
IREKIA
ELCORREO

El caos en el que ha derivado el disparate del 'Brexit' agudiza la incertidumbre en la que se mueve la economía europea, incluidas la española y la vasca. Los efectos imprevisibles, pero en todo caso adversos, que tendrá la anunciada salida de Reino Unido de la UE coinciden con una coyuntura de desaceleración global, que ya ha situado a Alemania al borde de la recesión y confirma el final de la fase más alcista del ciclo tras una crisis devastadora y una recuperación cuyos beneficios han tenido un reparto desigual. Ese escenario, unido a la guerra comercial desatada por el absurdo proteccionismo de Donald Trump y a la debilidad de los mercados emergentes, constituye un lastre de primera magnitud para la economía de Euskadi. La fortaleza de sus exportaciones es uno de los pilares básicos sobre el que se ha asentado en buena medida la salida de la crisis. De ahí que el divorcio de la UE -ya sea acordado o traumático- de un país que es su cuarto cliente, al que vende mercancías por un valor superior a los 1.500 millones de euros anuales, y con el que presenta una balanza comercial muy favorable añada inquietantes sombras a un horizonte caracterizado ya por una profunda inestabilidad.

Quinientas empresas vascas de sectores estratégicos exportan sus productos a Reino Unido y 60 están implantadas en él, lo que da una muestra de la magnitud del problema. Es previsible un retraso en el cierre de las fronteras previsto para el 29 de marzo tras el histórico varapalo propinado por la Cámara de los Comunes al acuerdo sobre por Londres y Bruselas. Aun así, las compañías afectadas están obligadas a prepararse en un tiempo récord para lo peor: un eventual 'Brexit' duro -sin un entendimiento previo con la UE-, que tendría consecuencias extremadamente nocivas. Desde la aplicación de aranceles a los artículos que exportan a suelo británico -lo que los encarecerá y les hará perder competividad- y a los procedentes de él hasta la imposición de mayores controles al tráfico de mercancías y personas, un monumental desafío para los puertos y aeropuertos. El sector del automóvil, uno de los principales motores de la industria vasca, sería el más afectado. Aparte de por el volumen de sus ventas y su fuerte implantación en Reino Unido, donde Gestamp tiene siete plantas, por el desafío logístico que el cumplimiento de las nuevas exigencias aduaneras implicaría para satisfacer las demandas de las cadenas de producción. Es de esperar un triunfo de la sensatez que al final evite una catástrofe como la que supondría el camino por el que irresponsablemente han optado los británicos.

 

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