¿Quién empuja?

Los empresarios han asumido riesgos, comprometido vida y hacienda, tomado sobre su espalda el destino de otros y, a riesgo de perderlo todo, generan riqueza y empleo

Galardonados. Amagoia Paskual (Addilan), Emiliano López Atxurra (Petronor), Manuel Iraolagoitia (Microdeco) y Javier Knörr (Evolo), -en el centro-flanqueados por José Antonio Jainaga -premiado el pasado año-, la consejera Arantxa Tapia, Joseba Gondra (Banco Sabadell) e Íñigo Barrenechea (EL CORREO)./jORDI aLEMANY E ignacio pérez
Galardonados. Amagoia Paskual (Addilan), Emiliano López Atxurra (Petronor), Manuel Iraolagoitia (Microdeco) y Javier Knörr (Evolo), -en el centro-flanqueados por José Antonio Jainaga -premiado el pasado año-, la consejera Arantxa Tapia, Joseba Gondra (Banco Sabadell) e Íñigo Barrenechea (EL CORREO). / jORDI aLEMANY E ignacio pérez
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Ayer se entregaron los premios 'Euskadi avanza' y se dieron a una serie de empresarios y de empresas de gran influencia entre nosotros. ¿Podríamos decir entonces que Euskadi avanza porque tenemos grandes empresarios y buenas empresas? Deberíamos. Obviamente Euskadi avanza porque hay más agentes, personas e instituciones que empujan, pero no cabe duda de que el colectivo premiado ayer es quien más empuja y, por lo tanto, es imprescindible.

Este reconocimiento no es universal ni permanente. En este país hay todavía muchos que han absorbido aquella cultura del «obrero despedido, patrón colgado», que es una excelente publicidad para animar a quienes desean emprender. Mientras que no somos demasiados quienes pediríamos cambiar el abrupto eslogan por este otro: «Obrero contratado, patrón aplaudido». ¿Lo ha oído alguna vez? Tranquilo, yo tampoco; de hecho, se me acaba de ocurrir.

Por eso pienso que este tipo de reconocimientos son buenos y, además, convenientes. Los premiados, luego les hablo un poco de ellos, forman una variada representación de la nueva economía y de la tradicional; de la pequeña empresa y de la grande; de los emprendedores casi individuales y de los conglomerados. Porque esa es otra. No es fácil oír a alguien una crítica a las pymes, con excepción de las izquierdas más extremas del tipo de Podemos o Bildu, a quienes les encanta la economía brillante e igualitaria de Cuba y Venezuela, aunque, sorprendente, prefieren vivir en esta, tan desigual y reaccionaria.

Pero, según crece el tamaño de las empresas y se acerca al de una grande, la cosa cambia muchísimo. Si se fija, todas las medidas fiscales, todas las acciones de promoción públicas, etc., discriminan en negativo a las grandes empresas. ¿Por qué sucede eso? Pues no es sencillo de explicar. Pagan los salarios más elevados, son las que más investigan y las que más actividad generan e irradian en el entorno. Por si fuera poco, parece evidente que una de nuestras mayores restricciones competitivas es el escaso tamaño de nuestras empresas. Aquí nos falta ese poderoso tejido empresarial de tamaño medio para Europa –que para nosotros sería el escalón pequeño de las grandes–, con capacidad de exportar y con pulmón financiero para innovar.

Por eso es tan difícil de justificar la prevención social que despiertan y la escasa simpatía que suscitan entre nuestros dirigentes. Y por eso fue un alegría ver juntos a Emiliano López Atxurra, de Petronor, y a Manuel Iraolagoitia, de Microdeco. Nadie sobra en la inmensa tarea de generar riqueza y crear empleo, la única manera de conseguir ingresos fiscales en cuantía suficiente para sostener el generoso Estado del Bienestar que nos hemos autoconcedido y al que no queremos renunciar.

Porque todo esto cuesta dinero. ¿Y quién lo aporta? Si se han fijado bien, habrán comprobado que los defensores de la 'Igualdad Suprema' solo se refieren e insisten en la igualdad en el resultado, pero nunca lo hacen con la igualdad en el esfuerzo. Por eso nunca valoran a las personas que los han realizado, han asumido riesgos, han comprometido vida y hacienda, han tomado sobre sus espaldas el destino de otras personas y, a riesgo de perderlo todo, generan riqueza y empleo. No valoran a los empresarios. Quizás se vean obligados a decir que piensan apoyarlos, pero inmediatamente se les ve incómodos y reducen el círculo de apoyo a los que sean pequeños y medianos, como si realizar esa función al por mayor fuera algo pecaminoso o pernicioso.

Vamos con los premiados. Petronor cumple cincuenta años. Es el mayor contribuyente de las haciendas vascas y un coloso tecnológico que basa su liderazgo en su eficacia, tras un esfuerzo de inversión gigantesco. Manuel Iraolagoitia es uno de esos prohombres que han construido este país a base de coraje y perseverancia. Que estudiaba de noche para poder trabajar de día, que se fue al extranjero cuando nadie salía, y que esperó 18 años para cobrar su primer dividendo en Microdeco. ¿Por qué nadie exige igualar su esfuerzo, ya que muchos pretenden igualar los frutos obtenidos gracias a él? Toda una vida ejemplar que recibe el reconocimiento que merece.

Addilan es un buen ejemplo de lo que estamos obligados a hacer. De cómo debemos gerenciar las nuevas tecnologías para enfrentarnos con costes elevados a un mundo global de competencia feroz; y de hacerlo con la colaboración entre empresas del ramo. Colaborar, además de competir, es una fórmula de éxito asegurado. Evolo, la pyme del año, es otro ejemplo de cómo encontrar nichos de mercado en esa globalidad poniendo a disposición de sus clientes nuevas fórmulas de mejora de la logística urbana, personal y profesional, con vehículos eléctricos sencillos y prácticos.

Por último, al repasar las historias de las personas y de las empresas premiadas, encontramos en ellas un vínculo común importante, como es la colaboración público-privada, lo que demuestra el buen hacer del sistema vasco de apoyo al I+D. Nadie duda de que es bueno, pero quizás sea necesario revisar su orden y su costo en estos tiempos de penurias presupuestarias. La creación reciente del BRTA puede ser el momento ideal para hacer una revisión total del sistema, podar sus excesivas ramificaciones y mejorar aún más su operatividad.