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La soledad de los ancianos, en su mayoría mujeres, es real y va más allá

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Fernando Luis Chivite
FERNANDO LUIS CHIVITE

La noticia viene de Japón y emite un fulgor inquietante. Aunque ya estamos acostumbrados a recibir noticias de este estilo procedentes de allí, como si ese país fuera algo así como el laboratorio experimental de la humanidad. Literalmente, dice: «Más de un 25% de los detenidos por robo en Japón está jubilado y es mayor de 65 años». Al principio te sorprende, parece inexplicable. Pero luego sabes que para este tipo de noticias raras siempre hay una explicación que por lo general no suele ser agradable. La explicación es que no lo hacen por penuria económica. No roban porque lo necesiten. Los ancianos nipones que se lanzan a robar lo hacen porque quieren ser detenidos y encarcelados para no estar solos. El porcentaje de ladrones ancianos aumenta cada año. Si esto es síntoma de una enfermedad (yo estoy convencido de que lo es), la enfermedad a la que alude es sin duda una enfermedad social y nos va a afectar tarde o temprano. Hace ya más de diez años se decía que en Japón se gastaba más dinero en pañales para viejos que en pañales para niños. En España, más de dos millones de ancianos viven solos y mucho me temo que a partir de ahora la cifra no va a ir precisamente a menos. Las familias ya no son como antes. Las casas ya no son como antes. Las distancias, la conciliación laboral, la economía ya no es como antes. Muchos de los ancianos que viven solos tienen hijos, pero sus hijos tienen unos horarios agobiantes, viven lejos o en pisos pequeños, cobran poco, están hipotecados de por vida y sobrellevan sus vidas al límite del estrés. La cuestión es que, cuando los hijos sobrecargados no dan abasto para atender a sus ancianos padres ni tienen dinero para pagar los desorbitados precios de los asilos (eso ya está ocurriendo y va a ocurrir cada vez más), el Estado tendría que empezar a pensar algo. Los ancianos japoneses están provocando que si el Estado no les construye residencias les construya al menos prisiones adaptadas para viejos solitarios que necesitan hablar con alguien. En Reino Unido, el Gobierno de Theresa May ha puesto en marcha este año el denominado 'Ministerio de la Soledad', en un intento de dar solución a los problemas que se derivan de esta realidad ineludible. Entre tanto, la tasa de natalidad baja y baja, ¿cómo no va a bajar? Los jóvenes de hoy en día llegan a los 30 años sin ninguna estabilidad laboral. Tener un hijo es cada día más complicado en todos los sentidos y cada vez hay más gente que, por la razón que sea, opta por no tenerlos. La población envejece. La noticia de esta semana es que en España ya muere más gente de la que nace. La soledad de los muy ancianos (ahora ya se habla de cuarta edad), octogenarias y nonagenarias, puesto que la gran mayoría son mujeres, está ahí, es real y va a más. Hay que hacer algo y empezar ya.

 

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