Embusteros

Pedro Sánchez. /AGENCIAS
Pedro Sánchez. / AGENCIAS
MANUEL ALCÁNTARA

Una vez descubierto que con la mentira por delante se puede llegar a cualquier sitio hay que detenerse para reflexionar. Se investiga si el presidente del Gobierno es un plagiario y copió a otros autores, pero es excesivo acusarle de copiarse a si mismo y es más benévolo culparle de «falta de integridad académica». Lo reprobable no es volcarse en artículos suyos publicados anteriormente, sino que esos escritos fueran de otros autores que los habrían plagiado con anterioridad, que es algo parecido a escuchar el eco sin necesidad de oír la voz.

Ahora está enfrascado en su guerra con Rivera y no se sabe quién lleva las de ganar, porque los dos son perdedores. La dimisión de la ministra Carmen Montón por irregularidades en su máster ha convertido el Congreso en un corral de gallinas descontentas con su gallo. Cuando la copia antecede al modelo no se puede hablar de plagio, pero sí de falta de imaginación. Lo intrigante es por qué no apasiona a nadie. Lo que llamamos la calle sigue pendiente del alojamiento de los restos mortales del llamado invicto caudillo, que se murió de viejo y de caudillaje, que son dos enfermedades mortales.

Mientras, ya que en España todo es mentira, el Papa Francisco ha citado en Roma a todos los presidentes de las conferencias episcopales para buscar lo que llaman una solución global, quizá porque esté en el globo. El doctor Sánchez es el más nombrado, pero está en entredicho. El actual presidente del Gobierno está acusado de plagiario. Tiene pocas ideas, pero las que tiene parece que no son suyas. Sólo están prestadas.

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