Draghi: ¿Vuelta a los estímulos?

El presidente del BCE ha cambiado de tono su discurso y no va a tocar su política económica «por el tiempo que sea necesario»

Draghi: ¿Vuelta a los estímulos?
Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

Afortunadamente, el Estado neoliberal, al que algunas formaciones extraviadas aún combaten con entusiasmo, es una mera entelequia extraída del limbo de las utopías. La realidad nos dice que, con desigual éxito, la iniciativa pública irrumpe habitualmente en la esfera económica con el ánimo de reconducirla hacia mayores niveles de eficiencia social.

Como el escepticismo se alivia e incluso se cura con la palabra fundada en argumentos, vale la pena recordar la radical irrupción de lo público en la política monetaria europea -o sea, también en la española- al servicio del ajuste anticíclico de la economía.

Para intervenir una economía o una parte fundamental de ésta, como la constituida por la política monetaria de una zona, son necesarios dos requisitos indispensables. El primero es de índole democrático mediante el cual se delega en un determinado organismo o poder público la facultad de tal intervención. El segundo es de caudal operativo. Quien interviene debe poseer la capacidad o potencia necesaria para contrapesar las inercias del ciclo, para reducir o estimular, para modificar, en suma, los precios y cantidades fijadas por el mercado.

Así sucede en la fijación de la política monetaria adoptada por el Banco Central Europeo (BCE). Desde su nombramiento como presidente del organismo emisor europeo en 2011, Mario Draghi ha corregido -intervenido- drásticamente el mercado monetario mediante la fijación política de los tipos de interés de corto plazo y también mediante la fijación política de los tipos de interés de largo plazo, los que corresponden a las emisiones de deuda soberana.

Fijación 'política' significa determinación unilateral basada en juicios de valor de lo que la autoridad monetaria considera tipos de interés apropiados, como contrapuesta al nivel 'natural' de los precios y cantidades determinadas en cada caso por los mercados. En este caso los mercados de dinero y de bonos. Sin tal intervención, los tipos de corto, así como los de largo, habrían oscilado al compás de las fuerzas de la oferta y la demanda del mercado.

El tipo de interés 'natural' de corto plazo, incorporado por Knut Wicksel a los manuales de la economía, se considera como aquel que «es neutral con respecto a los precios de los bienes y no los influye ni al alza ni a la baja». En ausencia de movimientos cíclicos notables, el tipo natural podría asimilarse al tipo de inflación, con lo que en el caso de España se situaría en el entorno del 2%. Pero Draghi ha intervenido este mercado y ha instalado el precio del dinero en terreno negativo, ligeramente por debajo del 0%. Tiene recursos para hacerlo porque la oferta disponible de dinero del BCE es prácticamente ilimitada.

Algo parecido sucede con los tipos de largo. Draghi compra sistemáticamente bonos soberanos en el mercado secundario a precios superiores a los que pagan los inversores privados. Puede hacerlo porque, como se ha dicho, sus recursos son considerables. La consecuencia es que los tipos de largo caen. La última emisión del bono español a diez años paga el 1,4% anual. Teniendo en cuenta que el bono americano al mismo plazo paga aproximadamente un 3% -más del doble-, es fácil calcular la rebaja 'política' aplicada a la deuda soberana española.

La consecuencia de la radical irrupción del BCE en las finanzas europeas es la masiva subvención aplicada a los deudores, en particular a nuestro Tesoro público, un emisor compulsivo que debe más de un billón de euros, con 'b', mientras que acreedores y ahorradores resultan ser los grandes perdedores.

Draghi anunció recientemente que la fiesta debía tocar a su fin. Que había que volver gradualmente a precios 'más normales' de mercado. Pero en la reunión de este pasado jueves, el discurso cambió de tono. El jefe del BCE constata que «los riesgos se acentúan» y «el sistema financiero se torna más vulnerable a futuros 'shocks'» debido, entre otras cosas, a las tensiones comerciales, el 'Brexit' y distintos factores geopolíticos. Así que no va a tocar nada y ello «por el tiempo que sea necesario»: tipos a corto negativos y bonos estabilizados.

El italiano pasará a la historia como aquel presidente del BCE que colapsó los tipos de interés durante su mandato, que finaliza en octubre próximo. Aunque no a gusto de todos.