La doctrina González

Si el código de conducta del banco es el ejemplo a seguir en cuestiones técnicas y de ética, pues perfecto, que lo sigan

El presidente del BBVA, Carlos Torres Vila./EFE
El presidente del BBVA, Carlos Torres Vila. / EFE
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Al terminar el último consejo, el que aprobó las cuentas del pasado ejercicio, el presidente del BBVA ratificó sus dos ideas fuerza. Una, que, con respecto al escándalo de las escuchas, no hará nada hasta que termine una investigación que se antoja eterna, pues empezó hace ocho meses e involucra a dos de los bufetes más afamados del país y a varias decenas de auditores de una de las 'big four'. Dos, que hasta la fecha no han detectado ninguna actuación punible realizada por ningún empleado del banco. Ni por el jefe de seguridad, el señor Corrochano, ni por su antecesor en el cargo, que no han recibido la más mínima reconvención, a pesar de las numerosas y escandalosas noticias aparecidas en los más diversos medios de comunicación, a quienes, por cierto, tampoco se ha desmentido. Por su parte, a los reguladores -la CNMV, el Banco de España y el BCE-, que les han conminado a terminar cuanto antes la investigación en marcha, les han pedido... paciencia.

No solo. Además de las ideas fuerza realizó una encendida y, quizás exagerada, defensa de la brillante profesionalidad y la honorabilidad del anterior presidente que, en su opinión, son totales y absolutas. Digo lo de exagerada porque ser agradecido es de bien nacido y a él le nombró quien le nombró. Pero la brillantez en la gestión se compadece muy mal con los resultados obtenidos y en lo otro quizás no debería olvidar que hay fuegos que abrasan manos.

En todo caso, vuelvo a lo de siempre. Aquí no se trata de que el presidente y su consejo califiquen jurídicamente los hechos ocurridos ni de que apliquen las sentencias que correspondan. De eso se ocuparán los tribunales. Aquí se trata de aplicar la misma doctrina que defendió con ahínco Francisco González y que se plasmó en un código de conducta aprobado por ellos y que detalla muy bien la orientación ética estricta de todos los comportamientos a seguir en el banco.

Si es el ejemplo a seguir, en cuestiones técnicas y de ética, pues perfecto, que lo sigan. ¿Y qué hizo el señor González en el pasado? ¿Esperó a la finalización de todas las investigaciones y actuaciones necesarias en el famoso asunto de los fondos no recogidos en las cuentas del banco que se encontró cuando llegó? No. Fulminó inmediatamente a todos los consejeros procedentes del antiguo BBV. ¿Los rehabilitó una vez que los tribunales decretaron su inocencia? No.

Pues ya ve. Aquí hay un modelo de doctrina considerado tan bueno, que no se entiende cómo no se practica ahora. ¿O es que hay alguien que considera compatible el código ético en vigor con los hechos admitidos por el banco? Basta con ellos, no hace falta dar verosimilitud a la avalancha de datos no reconocidos ni negados por la entidad y que se investigan con tanto detalle como cautela. Si hay alguien así, le recomiendo humildemente que lo vuelva a leer un poco más despacio.

Por cierto, si el banco quiere mejorar su muy deteriorada reputación, y debería quererlo, antes que contratar a un experto en la materia debería hablar más, ser más transparente y actuar con mayor rapidez. Es una actitud más eficiente y es mucho mas barato. Se ha pagado ya más de seis millones de euros a un comisario tenebroso; se está pagando ahora una cantidad, que no será pequeña, a dos bufetes de abogados y a una firma de auditoria para que averigüen cuál fue la contrapartida real del primer pago. ¿Se tiene que pagar ahora a una persona para conseguir que olvidemos lo que no sabemos, porque nadie nos lo cuenta?