Divulgativa

Divulgativa
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Al margen de su indudable tirón popular -algo siempre asentado en la virtud de conjugar una fiesta musical concentrada en un fin de semana, con precios asequibles y con una calidad media mucho más que aceptable-, quizás lo más interesante de Musika-Música es siempre esa voluntad divulgadora de fondo que se fundamenta en una especialización o en un hilo conductor de carácter histórico y musical. Tal es el caso de nuevo en esta edición, donde se vincula el concepto de polis y ágora -las ciudades como centro de encuentro y de creación y expresión cultural-, con el surgimiento de Londres y Nueva York como metrópolis que asumen bien entrado el siglo XX las vanguardias en el ámbito musical, desplazando parcialmente la primacía del continente europeo.

De ello deriva un conjunto de compositores ciertamente notables y asociados a las dos anteriores ciudades, cuya inclusión en la programación de esta edición sugiere una auténtica revisión del modernismo musical. Así, en el caso de Londres la estela de Richter o Stanford da lugar a un estilo musical inglés o a una modernidad compositiva y orquestal en autores como Elgar, Vaughan o Britten, entre otros.

Y lo mismo se puede decir de Nueva York, donde las claras influencias europeas se mezclan con las raíces norteamericanas y con los modernos medios de difusión cultural en compositores como Greshwin, Weill, Copland o Bernstein. Naturalmente, Musika-Música 2019 también vuelve a integrar en su fiesta participativa la música sinfónica con la de cámara, los conjuntos sinfónicos de prestigio con los conservatorios y las conferencias divulgativas con los conciertos. Una notable fiesta cultural, eso también, de alto coste -1,6 millones de euros-, cuya pertinencia no parece muy discutible si comparamos su coste con lo invertido en esa fiebre de eventos puntuales que tienen una difusa repercusión.