Diversidad

Lo que vemos en First Dates no es amor. Lo que vemos en ese programa son personas. Y en concreto, claro, vemos españoles

Diversidad
Cuatro
Fernando Luis Chivite
FERNANDO LUIS CHIVITE

Seguro que todos han visto alguna vez el programa de Sobera, First Dates. Lo echan a diario. Es un éxito. Yo suelo verlo a menudo. Me gusta ver caras de gente no famosa. Me gusta oírles hablar. Y callar. Ahora me acuerdo de un libro de relatos de Raymond Carver que leí hace años. Me chocaba su título: '¿De qué hablamos cuando hablamos del amor?' No es posible responder a eso con sencillez. El amor es un concepto muy amplio. De muchas facetas. Cada cual tiene sus experiencias y sus expectativas. Además es un lío porque todo el mundo cree tener algo valioso que aportar al respecto. Luego, resulta que en los relatos de Carver (como en las citas de First Dates) se hablaba más del desamor y del fracaso del amor que de otra cosa. Pero el verdadero tema del programa de Sobera no es el amor, en realidad. El amor es el pretexto, pero no aparece por ningún lado. Ni se le espera. Como mucho, se alude a él. Se hacen frases a su costa. Se le invoca, con cierto énfasis televisivo y poco más. El verdadero tema del programa es la gente. Lo que vemos ahí son personas. Por eso es hipnótico. Y en concreto, claro, vemos españoles. Quizá más de unas autonomías que de otras, admitámoslo. Pero eso no viene al caso. Mi madre, que ya es octogenaria, dice que sale gente muy rara. Pero no. Lo que sale, precisamente, es gente normal. Vemos sus rostros. Vemos cómo se han preparado para la ocasión. Vemos el ánimo con el que acuden y se dejan grabar. Vemos cómo se expresan. Cómo se les ilumina la mirada o no. Cómo sonríen, cómo se envaran, cómo intentan gustar. Y escuchamos sus autobiografías precariamente relatadas, lo que les gusta, dónde trabajan, lo que desearían encontrar y esperan de la vida. A mí, lo que me fascina especialmente es la maravillosa diversidad que se nos muestra. La pluralidad de estilos, de discursos, de estéticas, de sexualidades. Creo que este programa nos ayuda a ver cómo son los españoles de hoy en día más que cualquier estudio estadístico. A veces nos dejamos influir por prejuicios y estereotipos del pasado. Pero el pasado, pasó: alegrémonos. Cuando yo era un adolescente la sociedad española era muy homogénea. Todo el mundo vestía y se peinaba igual. El régimen militar y la religión católica dominaban eficazmente la opinión pública y te decían lo que tenías que creer. Aquello quedó atrás. El ser humano cambia. Evoluciona. El español, también (estoy seguro). Y en el terreno concreto de las nuevas identidades de género y de las nuevas formas de entender y vivir la sexualidad, el asunto se ha complicado mucho. Pretender no verlo es ingenuo. No obstante, ante cualquier duda al respecto, recordar siempre la cita de Victor Hugo (autor del siglo XIX): «La libertad de amar es tan sagrada como la libertad de pensar». Y quien dice sagrada, dice diversa y respetable.