DOS DISCURSOS

DOS DISCURSOS
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Las intervenciones del lehendakari -de quien sabe soy fiel fan- se pueden dividir en dos partes bien diferenciadas. La dedicada a los asuntos económicos se entiende perfectamente, siempre es muy sensata y ortodoxa y sus mensajes son claros y creíbles. Por el contrario, el paquete político me resulta demasiado alambicado y está envuelto en un intrincado manojo de matizaciones. Me cuesta seguirle y lo que le entiendo me gusta mucho menos. Ayer, al hablar del nuevo Estatuto insistió mucho en que «lo primero es lo primero y lo primero son las 37 transferencias no transferidas». Aparte de que nadie es capaz de identificar esas famosas 37 transferencias -haga la prueba, yo la he hecho en numerosas ocasiones, incluso con consejeros presentes y nunca hemos pasado de cinco-, cabría pensar que antes de exigir lo primero se podía ofrecer un poco de lealtad constitucional. Asegurar que la Constitución tiene un grave déficit democrático y una ilegitimidad de origen, como han hecho destacados líderes de su partido -que, además, envidian el 'procés' aunque lleven toda la vida cobrando del entramado constitucional que denigran-, no es el mejor ambiente para materializar «lo primero de lo primero». Igual, ni siquiera lo segundo o lo tercero.

Pero volvamos a lo económico, que esa es mi obligación. Estoy de acuerdo con los cuatro retos a los que nos enfrentamos: demografía, digitalización, internacionalización y educación. Y creo que sus Presupuestos se alinean con ellos de manera correcta: inversión pública, apoyo financiero a la empresa, innovación, empleo y políticas sociales. Si llega a mencionar la fiscalidad mi acuerdo hubiese sido absoluto. Una vez identificados correctamente los retos y bien planteadas las soluciones oportunas, el problema se traslada a ver cómo se pueden compaginar estos objetivos con las intenciones de Bildu cuyos votos busca, ante la ausencia o el desestimiento de otras opciones. Y eso no está nada claro. Bildu no ha demostrado nunca mucha sensibilidad por la economía libre, ni el más mínimo 'afectio' por la empresa. Lo que ha sentido por los empresarios es cuestión que... mejor no recordar. ¿Se puede hacer un cesto eficiente con mimbres tan retorcidos? Lo dudo mucho, por no decir que me parece imposible.

El lehendakari recordó los puntos fuertes de la economía vasca, que son evidentes y se mostró esperanzado de cara al futuro. Eso está bien y cumple con su obligación. Salvo la decepción que me causó la ausencia de un apartado fiscal -incluso pasó demasiado deprisa por el asunto de los planes de pensiones-, estoy de acuerdo con su discurso. ¿Conoce a muchos líderes que aporten la estabilidad que aporta Iñigo Urkullu? Uno de los pocos gobernantes que puede presentar un saldo favorable entre problemas creados y problemas resueltos. El veredicto lo dieron los aplausos que cerraron su discurso. Mayores que los exigidos por la educación y más fuertes que los obligados por la cortesía.

 

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