Una dimisión de libro

Màxim Huerta tuvo que quedarse solo y sin apoyos para entender que un condenado por fraude a Hacienda no puede ser ministro

Máxim Huerta, durante la comparecencia en la que anunció su dimisión./EFE
Máxim Huerta, durante la comparecencia en la que anunció su dimisión. / EFE
ELCORREO

Un ministro condenado por defraudar a Hacienda no puede permanecer en el cargo ni un segundo. Sobre todo, si forma parte de un Gobierno que ha llegado al poder bajo el estandarte de la ética y que ha desalojado a su predecesor con el argumento de los escándalos de corrupción acumulados. A Màxim Huerta le costó entender ayer algo tan básico. Y que la «regeneración democrática» prometida por Pedro Sánchez debía empezar por él mismo. Por ello se resistió inexplicablemente durante horas a dimitir y, cuando lo hizo forzado por su patética soledad y la contundencia de los hechos, quiso presentarse como víctima de una «jauría» ante la que de nada habría valido su pretendida «inocencia». El ministro de Cultura más breve de la democracia -una semana- utilizó una empresa interpuesta para pagar menos impuestos entre 2006 y 2008.

El Tribunal Superior de Madrid confirmó en mayo del pasado año el fraude cometido y las sanciones que la Agencia Tributaria le impuso al considerar que no actuó «de buena fe» cuando, al declarar sus ingresos como presentador de televisión, intentó eludir los tipos más elevados del IRPF y acogerse al Impuesto de Sociedades, más benévolo. Sostener, como hizo ayer el ya exministro y algún dirigente del PSOE, que todo «se acabó» una vez que se puso al día con Hacienda -tuvo que pagar 365.939 euros- equivale a desconocer no solo las reglas de la política, sino la altura a la que el partido que apoya al Gobierno ha colocado el listón de la ética. La confesión de Huerta de que no informó a Sánchez de sus problemas con el fisco y de las dos condenas por ellos cuando le ofreció el ministerio solo confirma sus carencias para desempeñar un cargo de tal relieve. Es cierto, como él arguye, que en un determinado momento Hacienda cambió el criterio para la tributación de algunos profesionales, que buscaban atajos torticeros para eludir el pago de impuestos. Pero también que fue 'cazado' al intentar desgravarse como gastos derivados de su actividad profesional más de 300.000 euros desembolsados en un apartamento en la costa de Alicante. Una actitud censurable en cualquier profesional y absolutamente indefendible en un ministro. Si el nombramiento de Màxim Huerta fue controvertido, su dimisión es de libro.

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