Después del 8-M

Volvemos al trabajo, a la brecha salarial, a los techos de cristal...

Después del 8-M
e.c.
Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

Después del 8 de marzo volvemos al trabajo, a la brecha salarial, a los techos de cristal, a las presiones para que cumplamos con el papel que la 'naturaleza' nos ha asignado. ¿Qué papel 'natural'? ¿Usar ciertas herramientas y no otras? ¿Hacer el trabajo que no se paga -en lugar de o además de- el que está en el mercado? La gente define 'naturaleza' como quiere, igual que cuando se dice que la homosexualidad es antinatural, pero la naturaleza va a su bola. En cuanto a lo que se aprende y se transmite, puede ofrecer muchas opciones o cercenarlas todas. El 8 de marzo congregó a unas 350.000 personas en Madrid, 200.000 en Barcelona, 50.000 en Bilbao. Luego esa bonita fiesta de reacción (tras la acción la reacción, tras la revolución la involución) reunió en la puerta del Sol a unas 200. Poca reacción, pero el poder del machismo no está en sus manifestaciones folklóricas sino en la doble jornada, en los trabajos de cuidados, en las políticas públicas respecto a ellos, en las juntas directivas, la CEOE, las dictaduras unifamiliares, los comités de selección, la economía oficial que deja fuera una parte de la economía, la cultura oficial que deja fuera una parte de la cultura, los sesgos, los prejuicios, los dobles raseros... No sigamos. O sí. ¿Habría que añadir las noticias falsas que Vox difunde en las redes?

Con un informe médico de hace varios meses, al que no se le veía la fecha, fabricaron la triste historia de unas pobres niñas agredidas por las feminazis el 8 de marzo. Luego dijeron que habían sido engañados, pero el mal ya estaba difundido. En mi cabeza resuena aún la decepcionante frase del papa Francisco, que se muestra tan sensible con otras formas de desigualdad: «todo feminismo es un machismo con faldas». No dijo «algunos feminismos». No dijo «hay feminismos que casi son machismos con faldas (o con pantalones de mujer)». ¿Un error, un lapsus, la patita machista del clero asomando por debajo de la veste? Pues si el feminismo es lo contrario del machismo no lo es porque sea un machismo a la inversa, sino porque aquel propugna la desigualdad y la dominación mientras el feminismo propugna la igualdad de derechos, la misma libertad de elegir, el respeto a la dignidad de tod@s. La manifestación post 8-M en Madrid era un poco lío: unos asistentes decían ser feministas pero no feminazis; otros, que España es una dictadura en la que se pisotean los derechos de los hombres. Y Leonor Tamayo, presidenta de Women of the World (entidad convocante) declaró: «soy mujer, soy esposa, soy madre y soy profesional. Y no soy feminista»·. La economista y actriz Marta Flich nos manda un mensaje diferente desde Youtube «¿Ah, qué dices? ¿Qué si no soy feminista soy machista?» pregunta haciendo un papel. «Sí, estoy diciendo eso». Responde, haciendo otro papel, con una sonrisa de oreja a oreja. Y así es: o estás por la igualdad o no lo estás. Pura lógica.