El desafío del paro estructural

Se requieren políticas de empleo ambiciosas y sostenidas a largo plazo

El desafío del paro estructural
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Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

El barómetro del CIS de febrero, último publicado, considera el paro el principal problema que existe actualmente en España, con un 60,6% de ponderación, muy por encima del segundo, la corrupción y el fraude (23,1%), y del tercero, los problemas de índole económica (22,3%). Por su parte, el FMI, en un reciente informe advierte que nuestra tasa de paro podría quedarse estancada en el 14%, muy cerca del registro estimado para finales de 2019 del 14,2%.

Según el organismo que dirige Cristina Lagarde, en 2020 apenas recortará una décima para situarse en el 14,1%. He ahí las dos noticias que mutuamente se refuerzan y añaden un considerable tono de pesimismo a nuestra actual coyuntura laboral.

Y ello a pesar de que en el primer trimestre de 2019 se mantiene un elevado ritmo de creación de empleo, el 2,9% interanual. A 19 de marzo del presente ejercicio las altas totales en la Seguridad Social sumaban 19,04 millones de trabajadores y el paro registrado se recortaba hasta los 3,25 millones de desocupados.

Hay que señalar que no todos los institutos o fábricas de ideas comparten los sombríos vaticinios del FMI. Los analistas de BBVA Research hablan de un 12,8% para 2020 y el Banco de España sitúa la tasa de paro en el 12,3% para finales de 2021. Pero, una vez constatada la discrepancia, sigue resultando notable y preocupante que doce años después del estallido de la gran crisis global, en cuya víspera el paro en nuestras latitudes había descendido a la cota récord del 7,93% cercana al pleno empleo o paro friccional, el debate quede reducido a una diferencia de unos puntos porcentuales sin afrontar la cruda realidad de la existencia de un importante paro 'estructural' en la economía española.

La 'ley de Okun', una aceptable noción de correlación estadística, recuerda que el empleo sigue invariablemente la estela del crecimiento o decrecimiento del PIB de una economía determinada. En época de crisis, como la registrada en la última década en España, con caídas acumuladas del PIB cercanas al 8%, el paro se dispara, en nuestro caso hasta alcanzar su mayor registro en 2013, un 26,94% de la población activa con 6,2 millones de desocupados.

¿Implica la 'ley de Okun' que, inversamente, con seis años consecutivos de crecimientos sostenidos y habiéndose ya recuperado el nivel de PIB anterior a la crisis, debiéramos contar con el mismo nivel de ocupación de aquella fecha? La respuesta es negativa dado que el empleo recuperado hasta la fecha es meramente cíclico y nada asegura que la nueva etapa de la producción pueda absorber mano de obra no adaptada a los actuales requerimientos.

Afirmar, como lo hacen los más significados vigilantes de la coyuntura económica, que los niveles de paro arriba citados son estructurales equivale a noquear tanto la moral de quienes buscan afanosamente el acceso al mercado de trabajo como a las clases políticas cuyas acciones deben orientarse prioritariamente a la superación de lo que constituye el mayor escándalo de nuestra convivencia.

Más allá de aspectos atenuantes de la insuficiente evolución de la tasa de empleo, como son el posible incremento de la población activa y de la tasa de participación en la población existente -aspectos ambos que aumentan el denominador del cociente del desempleo- hay que preguntarse por las razones de la prejuzgada baja 'tasa natural' de empleo en la economía española.

Aspectos contractuales y las necesarias reformas venideras del mercado de trabajo tienen ciertamente un papel a jugar. Pero el lento acceso al mercado de trabajo en una fase de demanda vigorosa como la que llevamos atravesando en los últimos seis años tiene que ver sobre todo con pasillos de educación, competencias, cultura, habilidades y formación de los candidatos al puesto.

No vamos aquí a enmendar la plana al futuro gobierno de la nación. Pero sí hay que destacar una vez más que el derecho al trabajo prima sobre la mayoría de otros que se debaten en interminables sesiones de análisis improductivo y que las políticas de empleo deben erigirse en la prioridad de cualquier gobernación.

Para su alivio, el paro estructural requiere políticas correctoras estructurales. Ambiciosas en su diseño y sostenidas en el medio y largo plazo.