Desaceleración

No es sinónimo de crisis pero resulta ser su prólogo necesario

El debilitamiento del consumo modera el crecimiento de la economía. /El Correo
El debilitamiento del consumo modera el crecimiento de la economía. / El Correo
MANFRED NOLTE

Las economías capitalistas han registrado a lo largo de la historia una tendencia al crecimiento de su producto agregado. El incremento de la productividad derivado de la progresiva cuota de capital por trabajador, la mayor cualificación de la mano de obra, los avances tecnológicos y la incorporación masiva de los ciudadanos al trabajo por cuenta ajena han permitido crecimientos espectaculares. Pero esta tendencia ha estado plagada de crisis y recesiones económicas. Son los ciclos económicos.

Dicho lo anterior, a todo el mundo interesa prever las tendencias de los grandes agregados económicos, encabezados por el PIB, y su transición cíclica del auge o 'boom' hacia la recesión y posterior depresión.

La primera inflexión negativa del ciclo productivo de una economía en auge se denomina desaceleración. En términos relativos el PIB puede crecer menos en un periodo que en el periodo anterior. Es el caso de la economía española, en la que el PIB alcanzó una tasa de crecimiento del 3% en 2017 y se espera que lo haga sólo al 2,8% en 2018 y al 2,6% en 2019 (según la AIReF). Lo que no obsta para que el crecimiento sigue siendo positivo, y hasta robusto, muy lejos del porcentaje del cero por ciento, que marcaría el umbral de la recesión.

Una explicación preliminar acerca de la reducción del ritmo de crecimiento de la economía española estriba en la vigorosa secuencia de crecimientos reales que viene registrando desde 2013, a niveles superiores al 3% acumulativo anual, que sitúan a España cerca de su crecimiento potencial a mediados de 2019.

La desaceleración puede afectar a múltiples variables económicas siempre que su tasa de crecimiento del periodo sea inferior a la del periodo anterior, pero en última instancia el diagnóstico del ciclo siempre se remite al PIB, determinante último de la actividad y, a su vez, función directa del nivel de empleo.

En su práctica generalidad, los sensores del ciclo tienen su raíz en los componentes de la demanda agregada: consumo, inversión, exportaciones y gasto público. Constituye ahora un delicado ejercicio didáctico traducir los datos que a diario conocemos al correspondiente componente del gasto agregado.

Veamos algunos ejemplos. La ley de Okun señala el nivel de empleo en función del nivel de renta nacional, de modo que si ésta baja, desciende aquel aunque los desoladores datos laborales de finales de agosto deban ser interpretados en un plazo mas amplio de tiempo. El turismo se frena en julio aunque en los últimos siete meses España haya recibido 47,1 millones de visitantes, un 0,3% más, y el gasto haya aumentado un 3%. La industria también parece resentirse.

Durante los seis primeros meses, el índice de producción industrial creció el 1,8%, la mitad que en 2017, siendo la desaceleración especialmente significativa en la producción de bienes de consumo y de energía.

Además de todo ello está el importantísimo factor 'expectativas', que distribuye su efecto pernicioso a todos los renglones de la demanda. El contagio de la crisis de los países emergentes está laminando nuestro selectivo bursátil Ibex 35, con la incidencia que el recorte patrimonial de las familias tiene sobre el consumo privado. Los amagos proteccionistas de las superpotencias afectan a las nuevas inversiones empresariales y al saldo de nuestra balanza comercial, que ha cambiado su superávit por un ligero déficit. La subida de tipos en Estados Unidos y la previsible retirada de estímulos en la Eurozona son una amenaza adicional importante. Además, los indicadores de confianza sectoriales en ventas minoristas están en terreno negativo con una caída interanual de julio a julio y el PMI de indicadores de compra de directivos está a su nivel más bajo en dos años.

No puede olvidarse finalmente la inestabilidad política rampante en Europa y sus secuelas inmovilistas. Reino Unido, Alemania, Italia, Polonia, Hungría y últimamente Suecia. Y entre nosotros, los riesgos latentes del insoportable' mareo de la perdiz' al que se someten recíprocamente el presidente Sánchez y el gobierno catalán. Lo ha dicho recientemente el Alto Comisionado del presidente del Gobierno para la marca España: «Hemos vuelto a ser un país inestable y jurídicamente inseguro. Ninguna sociedad puede progresar si los que la dirigen no cumplen y hacen cumplir la ley».

Concluyendo. Desaceleración no es sinónimo de crisis pero resulta ser su prólogo necesario.

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