De derechos y deseos

Pensionistas vascos en una concentración en Bilbao./
Pensionistas vascos en una concentración en Bilbao.
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Los pensionistas desean cobrar pensiones más elevadas. Aquellos que cobran las pensiones mínimas tienen, además del deseo, buenas razones para hacerlo, pues son muy bajas. Cosa que no sucede con las altas. Esto de «pensiones dignas» es un concepto muy subjetivo, demasiado subjetivo, y por eso solo es posible hablar de la racionalidad de su monto en base a comparaciones exteriores. Y ahí, cuando comparamos la tasa de reposición, que es el porcentaje que supone la primera pensión devengada sobre el último sueldo cobrado, comprobamos con facilidad que la nuestra es de las elevadas de Europa. Por ejemplo, superior a la alemana. Podemos pedir más, claro está, pero debemos ser conscientes de que quizás la sostenibilidad del sistema no lo permita.

Ayer mismo, Ana Barandiaran nos relataba, en estas mismas páginas, la crudeza de las cifras. En la última década ha aumentado el número de pensiones cobradas en 72.000, mientras que ha descendido en 3.400 el número de cotizantes a la Seguridad Social. Una relación que va a ir empeorando en el futuro, pues cada año se jubilan 20.000 personas, una cantidad mayor que la creación esperada del empleo. Si a eso le añadimos el hecho de que las pensiones han aumentado un 32% a lo largo de la década y los salarios solo un 8%, llegaremos fácil a la conclusión de que el sistema actual no da para más, al haber aumentado el gasto en más del 50%.

Por eso, si queremos pensiones más elevadas, si se van a cobrar durante un mayor número de años y si el número de pensionistas va a crecer de manera mucho más rápida que el número de cotizantes -por más favorable que se vuelva la coyuntura económica-, la única forma de cuadrar las cuentas es acarrear dinero de los Presupuestos, una idea que los pensionistas que se manifiestan en las calles aceptarían encantados. Pero, para que sea posible hay que contestar antes a algunas preguntas como éstas: ¿De qué partidas de gasto quitamos esos dineros o en qué conceptos de ingreso apretamos más las clavijas de los impuestos? Ninguna de las dos preguntas tienen respuestas sencillas.

Una medida evidente sería retrasar, de manera amplia y rápida, la edad jubilación, lo que, además de evidente es de estricta justicia al haberse ampliado muchísimo más la esperanza de vida que la edad de jubilación. Además de evidente y de justa es eficaz pues retiraría mucho dinero de los gastos y ampliaría mucho el dinero de los ingresos.

Esa es la única medida que 'cura' y las demás -aumento de las cotizaciones, fomento de los planes privados, etc.- son cuidados paliativos. Por último, para calmar las reclamaciones y templar las exigencias, podríamos hacer otra cosa. Consiste, simplemente, en que cada pensionista actual, y en adelante los futuros en el momento de su jubilación, recibiese la información detallada del total de su aportación al sistema. De tal manera que cada uno pudiese determinar con facilidad, hasta que día le están devolviendo lo aportado y a partir de que día cobra de la solidaridad del resto. Solo por saber...