Ni una demora más

El Gobierno debe pasar de las palabras a los hechos para garantizar que el TAV llegará a Euskadi en 2023, como ha prometido el ministro Ábalos

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, durante su vista a Vitoria./Rafa Gutiérrez
El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, durante su vista a Vitoria. / Rafa Gutiérrez
EL CORREO

Han transcurrido ya 26 años y nueve meses desde que la alta velocidad irrumpió en España con la inauguración de la línea Madrid-Sevilla en la antesala de la Expo de 1992. El desarrollo experimentado desde entonces por el AVE le ha permitido conectar la mayoría de las grandes capitales y modernizar las comunicaciones ferroviarias en buena parte del país. Es una injustificable anomalía histórica que, a estas alturas del siglo XXI, Euskadi aún siga excluida de esa infraestructura de carácter estratégico; una carencia que penaliza a sus ciudadanos y, además, lastra la competividad de su economía. El cierre del proyecto en 2023, comprometido por el Gobierno de Rajoy en el marco de un acuerdo con el PNV sobre los Presupuestos del Estado, no admite más demoras. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, se ha comprometido a que esa será la fecha del «fin de obra», a falta de otros trámites y permisos, en una manifiesta desautorización al delegado del Gobierno en el País Vasco, quien dio por hecho esta misma semana un nuevo retraso. Al Ejecutivo socialista le caracterizan un escaso rigor en el cumplimiento de sus promesas y una enfermiza tendencia a dar vaivanes y rectificarse a sí mismo. Aun así, cabe esperar que las palabras de Ábalos, reiteradas ayer en Vitoria al presentar el acceso soterrado del tren de alta velocidad a la ciudad, no sean una mera treta política para salvar la cara en vísperas electorales y amarrar el apoyo del PNV a los Presupuestos de los que depende el futuro de Pedro Sánchez en La Moncloa. Se trataría de una supina irresponsabilidad. Poco invitan al optimismo el frenazo registrado durante los últimos meses en la adjudicación y licitación de diversos trabajos por parte de Fomento, que pone en peligro un calendario ajustado al límite, y el recorte en un 22% de la inversión prevista este año en las Cuentas del Estado. En todo caso, la ceremonia de la confusión suscitada alrededor del TAV evidencia una flagrante descoordinación entre el Gobierno, su delegación en Euskadi y el propio PSE, cuya secretaria general asumió como inevitable el retraso negado ahora por Ábalos. El cúmulo de aplazamientos en la 'Y' vasca supera con holgura los lógicos ajustes de fechas forzados por los razonables imponderables que rodean a cualquier obra de esta envergadura. Es de esperar que Fomento pase de las palabras a los hechos y movilice cuantos esfuerzos sean necesarios para garantizar que una infraestructura básica para Euskadi no sufra ni una demora más.

 

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