cura de humildad

El Gobierno cometió un error de cálculo al presuponer a la oposición una actitud timorata

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Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

El mismo día en que Pedro Sánchez se convertía en el primer presidente en ejercicio en publicar un libro, titulado, de forma elocuente, 'Manual de resistencia', el Gobierno vasco, reservón, demostraba que a veces, en lugar de la defensa numantina de las propias posiciones, no queda otra que recular, ceder y donde dije digo, digo Diego. A Camilo José Cela le gustaba decir que en España el que resiste gana, una máxima muy del gusto, por cierto, de Santiago Abascal, que la usa a modo de bienvenida a sus redes sociales. Pues bien, el Ejecutivo de Iñigo Urkullu ha llegado a la conclusión de que no merecía la pena correr el riesgo de comprobar si el adagio le funcionaba, en puertas de unas elecciones especialmente inciertas, y sin ninguna garantía de no acabar naufragando en la más estrepitosa de las derrotas.

El Gabinete PNV-PSE se había encerrado solito en un callejón sin salida solo achacable a sucesivos errores de cálculo que le llevaron a creer que la oposición no se iba a atrever a tumbar una ley 'cajón de sastre' e ideológicamente ecléctica (como el propio Gobierno) a poco más de tres meses de las elecciones europeas, municipales y forales (y está por ver si generales). Pensó que podría matar tres pájaros de un tiro porque, total, solo hacía falta una abstención y la cosa iba de congraciarse con el bolsillo de los votantes.Nada podía salir mal.

Pero salió. Jeltzales y socialistas erraron al presuponer a la oposición una actitud timorata, más enfocada en no ofender a amplios colectivos –150.000 familias entre funcionarios, docentes de la concertada y perceptores de la RGI– que en sus ansias de desgastar al Gobierno, en definitiva lo único que de verdad tienen en común EH Bildu, Podemos y el PP. Hizo mal en minusvalorar el peso de la minoría parlamentaria –aunque esté a solo un escaño de la mayoría absoluta–, sea por soberbia como le achacaron sus rivales o por simple exceso de confianza.

La baza del Ejecutivo es devolver la pelota al tejado de sus rivales y forzarles a retratarse

Una vez comprobado que la oposición no iba a tragar, tocaba buscar salidas. El informe jurídico que avala la fórmula de lectura única permite al Ejecutivo de Vitoria recalcar que, pese a tener razón, ha preferido rectificar para no poner en riesgo la subida de sueldos y ayudas sociales. Su baza es devolver la pelota al tejado de la oposición y forzarle a retratarse y demostrar que, efectivamente, el problema eran las formas y no el fondo. «Que demuestren que no tenían ya tomada la decisión política de castigar al Gobierno». Posiblemente, la marcha atrás, pese a dejar en evidencia al Gabinete, es también la única decisión inteligente que se podía tomar a estas alturas.

El problema no estaba en la legalidad de la vía elegida porque, si hay suficiente manga ancha, se puede justificar la urgencia de casi todo. El problema era el de subestimar las motivaciones de la oposición para apretarle las tuercas. Veamos. No es ningún secreto que Pedro Azpiazu y Alfonso Alonso tienen buena sintonía y se entienden. Pero tampoco es ningún secreto que el PP vasco no solo es un partido dolido por el cambio de bando del PNV al apoyar la moción de censura de Pedro Sánchez, sino también condicionado por un nuevo liderazgo, el de Pablo Casado, más numantino que posibilista. Que EHBildu no se fía del PNV y no quiere darle aire pese a su declarado objetivo de ser una Esquerra a la vasca. Y que Podemos bastante arrastra con lo suyo y tiene poco que perder. Es de suponer que los tres no tendrán más remedio que dejar pasar los tres proyectos de ley por separado. El Gobierno, nervioso ante la incertidumbre que se apodera del panorama, ha preferido ponerse una vez colorado que quedarse amarillo. Cura de humildad.

 

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