En Cuba, al menos, hace buen tiempo

Sánchez cede ante Podemos en un acuerdo presupuestario repleto de errores

En Cuba, al menos, hace buen tiempo
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El primer error consiste en calificar el documento firmado de 'proyecto de presupuestos' cuando es un auténtico programa de gobierno. En sus 50 apretadas páginas se habla de todo. Fundamentalmente de gastos y de ingresos, pero también del código penal, de la ordenación laboral, del sistema tarifario eléctrico, de la regulación de los alquileres y de mil cosas más.

El segundo error, éste es muy importante, aparece cuando quienes firman el documento, profesores universitarios (o algo parecido) creen que va a funcionar en el mundo real aquello del 'ceteris paribus' que tan bien sirve para explicar, en la pizarra, el funcionamiento de la economía. El mecanismo consiste en adivinar qué ocurre cuando una variable cambia, permaneciendo todas las demás constantes. Pero en la vida real los hechos suceden de manera diferente y, cuando cambia una variable, todas las demás se reajustan a la nueva situación.

Por ejemplo, en la pizarra del 'ceteris paribus', si sube el salario mínimo y nada más se mueve, pues solo cambia que quien cobraba 735€ al mes pasa a cobrar 900€. Perfecto. Pero en la vida real pasan más cosas. Por ejemplo, es posible que haya empresarios que no puedan o no quieran pagar el nuevo salario impuesto desde el gobierno y decidan que, en lugar de subirlo, van a despedir al trabajador o a reducirle las horas de trabajo, con lo que éste, en lugar de mejorar, empeorará gravemente su situación. ¿Cuántos harán una cosa y cuántos otra? Ni idea, habría que preguntarles a todos y hoy no tengo tiempo.

El tercer error, se lo comenté el viernes, es de planteamiento. En los últimos años, en el gobierno de Mariano Rajoy, es muy posible que el Estado haya gastado mal, eso se puede discutir, pero no es cierto que se haya gastado poco. Eso de la 'austeridad asfixiante' queda muy bien de cara al público complaciente, pero es estadísticamente falso. Todos los años de ese periodo lo hemos transitado bajo el ignominioso procedimiento europeo del déficit excesivo y hemos acumulado un volumen récord de deuda. ¿Por qué será que el FMI ha tardado menos de 24 horas en mostrar su preocupación por el nuevo afán gastador?

El cuarto es aún peor. El proyecto no solo intenta -y lo conseguirá, no lo dude-, aligerarle el bolsillo, también condicionará su libertad. Y esto es mucho más grave, porque atenta a la esencia del sistema que nos hemos autoconcedido. Por ejemplo, los ayuntamientos van a poder fijar el nivel de los alquileres. Es decir, no solo se atreven a decir que los pisos no pueden estar vacíos, si sus dueños no quieren alquilarlos -por la razones que sean, incluida la que no les da la gana-, sino que los políticos les fijarán el precio del alquiler.

La razón esgrimida es que la vivienda es un bien sometido al interés público. Perfecto, el fin social de la propiedad está consagrado en la Constitución, pero ¿y el pan no lo es? ¿Y la gasolina, la telefonía, el acceso a internet etc, qué son? Si hacen falta viviendas que las construya el sector público -también está previsto-, pero inmiscuirse en la libertad personal y condicionar la propiedad individual son palabras mayores. Unas palabras mayores que Podemos conjuga de maravilla tras ensayarlas abundantemente en la Venezuela de Maduro, pero ¿pretende el PSOE trasladarlas a España? ¡Uy, qué peligro! ¿Qué más precios y a través de qué mecanismos se piensan imponer? ¿Conocen algún caso en el que este diabólico mecanismo haya funcionado en un país desarrollado?

¿Apoyará el PNV este planteamiento? Parece que sí. Hace menos de seis meses aprobó, y salvó, los presupuestos de Mariano Rajoy y ahora quizás haga lo mismo con los de Pedro Sánchez. ¿Se parecen ambos? Sí, como un huevo a una castaña. Pero el PNV juega con el beneficio de que las contradicciones y los vaivenes nunca tienen coste electoral. Sus votantes entienden que la supuesta bondad de sus fines compensan la aparente maldad de sus medios.

El quinto error, éste cometido solo por el Gobierno, es echarse en brazos de los líderes de Podemos al suponer que con eso atraerá a los votantes de Podemos. Craso error. Podemos es un partido de extrema izquierda en donde se asilan y cobijan los últimos estertores del comunismo que aún deambulan por la sociedad. ¿Tiene algo serio que aportar esa ideología, después de haber condenado a la miseria, y en algunos casos a la esclavitud, a millones de seres humanos en las más diversas latitudes? Si este país lo va a dirigir Podemos, estamos perdidos. Porque, me reconocerá, que en Cuba al menos hace buen tiempo y aquí, en cambio, llueve mucho.

 

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