Una crisis latente

El acercamiento entre Ferraz y Susana Díaz parece complicado, pero Sánchez no puede olvidar que él también se la juega en Andalucía

Díaz y Sánchez, en una foto de archivo. /AFP
Díaz y Sánchez, en una foto de archivo. / AFP
EL CORREO

El PSOE de Susana Díaz ha asumido, finalmente, su paso a la oposición en el Parlamento autonómico, para ejercerla de manera «responsable, vigilante en la defensa del autogobierno y de la presencia de Andalucía en España». La pérdida del poder por parte de los socialistas andaluces modifica sustancialmente la naturaleza del propio partido, en tanto que varía la relación que venía manteniendo con los ciudadanos desde hace casi cuatro décadas, y genera desconcierto en una militancia que nunca se ha visto en este nuevo papel. Ocurre además que la permanencia de Pedro Sánchez en la Moncloa no consuela ni compensa políticamente a los integrantes de una organización que mayoritariamente venían alineándose con Díaz frente al Presidente. La incógnita inmediata es si tan drástico vuelco en la situación del PSOE andaluz va a introducir cambios en su interior y en sus candidaturas para los comicios del 26 mayo, o si la tensión entre Ferraz y la dirección andaluza se mantendrá latente a la espera de sus resultados. La conciliación de posturas entre la dirección federal y la organización que lidera Susana Díaz no parece fácil. Las recientes declaraciones de Pedro Sánchez, anteponiendo el final de un ciclo en Andalucía al inicio del ciclo que él encarnaría para el conjunto de España, ahondó aun más en la herida de quienes se muestran convencidos de que el revés sufrido por Díaz fue consecuencia de los apoyos requeridos por el Presidente al independentismo catalán. El indisimulado deseo de Sánchez y su equipo para que la virtual portavoz parlamentaria de los socialistas en la oposición andaluza -Susana Díaz- se haga a un lado y facilite una renovación interna del gusto de Ferraz se convierte en un acto de injusticia para los partidarios de esta última. Aunque, más allá de las cuitas internas e incluso personalistas, la crisis latente entre la mayoría del socialismo andaluz y la dirección federal responde, en estos momentos, al hecho incontrovertible de que las expectativas de Pedro Sánchez para continuar en la Moncloa tras las próximas generales depende en gran medida de la evolución del voto socialista en Andalucía. Argumento que invitaría a la distensión y a la búsqueda de una mayor sintonía solidaria en el PSOE, pero que también está señalando a Susana Díaz como alguien prescindible e incluso inconveniente en tanto que 'perdedora'. Díaz no está en condiciones de eludir el envite. Pero Sánchez tampoco puede dejarse llevar por la inquina o por el ensimismamiento 'monclovita', olvidando que a partir de ahora es él quien se la juega en Andalucía.