Creyentes y longevos

No sería la primera vez que una doctrina religiosa, política o económica busca la coartada científica para avalarse

Creyentes y longevos
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Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Los creyentes viven cuatro años más que los ateos. Ésta es la conclusión «científica» a la que ha llegado un equipo de psicólogos sociales de la Universidad Estatal de Ohio. A uno, que no es ateo ni creyente ni psicólogo social, una iniciativa semejante le despierta una curiosidad antropológica. ¿A quién se le puede ocurrir ya la simple idea de investigar algo así? ¿No abre esa ocurrencia un camino inquietante por el que se puede sostener, e incluso demostrar «científicamente», que los presbiterianos son más longevos que los metodistas, o dar el salto de la religión a la ideología y a la tesis de que los demócratas tienen mejor salud que los republicanos? No sería la primera vez que una doctrina religiosa, política o económica busca la coartada científica para avalarse y adquirir una ventaja que no le dan las leyes o para burlar éstas directamente. De hecho, las dos ideologías que regaron de sangre el siglo XX (el nazismo y el comunismo) apelaron a la Ciencia. Y todos los racismos -incluido el de Torra, que nos ameniza el aciago presente- han recurrido al paracientifismo, que es la modalidad más burda del oscurantismo porque se pretende su antítesis.

Decir que los creyentes viven cuatro años más que los ateos no es publicidad angélica. Es decir que los ateos viven cuatro años menos que los creyentes. ¿No hay en ese peregrino estudio una intencionalidad sesgada, como la hay también en hacer extrapolables sus conclusiones a toda la condición humana y a otras realidades que, como la española, distan en todo de la estadounidense? Es sabido que en EE UU la mayoría de las confesiones religiosas cubren una función más sociológica que teológica para un gran sector de población flotante a la que los larguísimos desplazamientos por motivos laborales condenan al desarraigo y a la incomunicación. En EE UU la gente que busca trabajo suele encontrarlo, pero en ciudades que pueden hallarse a miles de kilómetros de la suya y a distancias tan grandes como la que hay de Vitoria a Moscú. En ese contexto, unas iglesias que ofrecen no sólo una vida espiritual sino también social pueden mejorar, en efecto, la salud anímica y física de quien las frecuenta. Como en otros contextos -el Oviedo clerical que inspiró 'La Regenta' o una aldea tomada por el Estado Islámico- pueden empeorarla.

Sí. Resulta sospechosa la invocación a la Ciencia para presentar como médicamente menos recomendable una opción libre y privada del individuo a la que, como el ateísmo, la sociedad y las leyes le reconocen la misma dignidad ética que la fe. Por esa puerta falsa de la Paraciencia se pueden colar todas las tesis que niega el Derecho. Por el camino de la Universidad Estatal de Ohio puede llegar a defenderse que creer en el PNV es más recomendable para la salud que votar al PP o al PSOE, lo cual es probablemente cierto y científicamente demostrable.

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