Menos crecimiento, más impuestos

Menos crecimiento, más impuestos
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El mismo día en el que el Gobierno rebaja las previsiones de crecimiento de la economía, para este año y el próximo, envía a Bruselas unas Cuentas públicas que propone «extraer» del sistema más de 11.000 millones de euros en forma de elevaciones de los impuestos más variados. ¿Es eso prudente? Para el Ejecutivo sí. Si han leído u oído las declaraciones de las ministras concernidas están, todas ellas, encantadas de lo bien que nos gobiernan.

Pero antes de ponerse medallas aún no conquistadas deberían reflexionar, aunque solo sea un rato, sobre una de las pocas verdades que existen en estos siempre desagradables asuntos de la economía. Como bien sabe, las Cuentas públicas expresan los gastos en los que se piensa incurrir y los ingresos que se confía obtener. El problema está en que, mientras los gastos son perfectamente previsibles pues dependen de la voluntad del Gobierno que los aprueba y que controla el BOE, los ingresos dependen de muchas otras cosas. La capacidad gubernamental es menor aquí, pues solo tiene capacidad de fijar los tipos de los impuestos, mientras que las bases imponibles quedan al albur de la actividad y de la recomposición de todos los sujetos grabados.

Este Gabinete (no es el único, pero es el que está ahora al mando) se empeña en seguir la máxima del «ceteris páribus» que le comentaba el pasado domingo. Le pongo un ejemplo. Decide subir el impuesto que paga el diésel y tras multiplicar el consumo actual por el ingreso que proporciona el nuevo impuesto -y con independencia del precio final que pagará usted en la gasolinera y que depende, obviamente más, del precio del petróleo-, estima el incremento de sus ingresos. Ya, claro, pero eso solo sucederá si los usuarios compran la misma cantidad de producto que antes, a pesar de la subida de su precio.

La ministra de Hacienda, que es médico, no habrá asistido a la clase en la que se explicaba aquello de que el precio influye en la demanda, igual que la demanda influye en el precio de cualquier bien. Si sube el precio, lo habitual es que disminuya el consumo. Es decir, por ejemplo, que se hagan menos kilómetros y por lo tanto se obtengan menos recursos. La ministra de Economía seguro que lo sabe. ¿Por qué entonces no lo aplica a su cálculo de ingresos?

Todo el Presupuesto se basa en criterios tan endebles como este. Se prevé un incremento del gasto de más de cinco mil millones. Nos aseguran que esto no es nada preocupante para el déficit, pues se espera un aumento de los ingresos superior a los 11.000 millones. ¿Y si como consecuencia de esa «extracción», que es enorme, la economía se reajusta y, como es de esperar, se deprime más de lo previsto? Pues habremos empeorado las cosas dentro y habremos incumplido los compromisos fuera.

Subir los impuestos en 11.000 millones es una barbaridad y no se fíe de eso de que los pagarán los ricos, sencillamente, porque no es verdad. De una manera o de otra (permanezca atento a los precios de los productos y de los servicios que ofrecen quienes se identifica como los grandes pagadores) los abonará usted en una gran parte. Pero hacerlo justo cuando la economía empieza a declinar es una temeridad. Hay quien confía en que Bruselas se cargará el proyecto. Ni lo sueñe. No acostumbra a hacerlo y esperará a constatar sus efectos. Es decir, hablará cuando usted ya haya pagado el precio de este previsible desastre. Suerte.