El coro

Corinna y el rey juan Carlos, en una imagen de archivo./E. C.
Corinna y el rey juan Carlos, en una imagen de archivo. / E. C.
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Ni los separatistas ni los podemitas le perdonan a Felipe VI que levantara un tabique en defensa de la unidad de España. Señoras de alto copete y baja cama saben que la monarquía es la que sostiene el endeble sistema que ha agrupado incluso a los que nunca fuimos monárquicos. No es lo mismo, como postulan algunos políticos, tragarse un sapo todas las mañanas que ingerir una tortuga. El llamado 'caso Corinna' se ha convertido en un caso clínico y los médicos de cabecera no pueden venir a vernos porque dicen que les duele la cabeza. Por fortuna, el Rey está siendo invulnerable y no le afectan los presuntos negocios de su augusto padre y muy señor nuestro. Pero es muy fácil decir eso de «allá él con sus finanzas», porque también son las nuestras. La 'ejemplaridad' de don Juan Carlos está muy deteriorada ahora que la Constitución cumple su cuadragésimo aniversario.

Junto a todo eso, por si fuera poco, el Gobierno aguanta su primer revés en el Congreso por RTVE. Los diputados se equivocaron al votar, quizá porque saben que sus errores los pagamos nosotros. La novela policial está en sus mejores momentos y los dosieres del comisario tienen varias lecturas, pero ninguna es agradable. ¿Qué puede hacer Pedro Sánchez? Si se queda quieto es peor, pero si avanza puede caer en tierra de nadie y si retrocede sólo encuentra el vacío. Es un lugar tan amplio que en él cabemos todos, incluso Corinna, que puede hacer de madrina.

Como novela policial está bien urdida, pero le falta el capítulo final. Los que no pueden escribirlo son los separatistas, porque se están frotando las manos. Las cosas van saliendo a su gusto y Puigdemont está cada día más satisfecho de su obra. Se aplaude a sí mismo y luego se escucha.

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