Condenados a soportarse

Ni el Podemos de Iglesias está en condiciones de optar por la división, ni el 'Más Madrid' de Errejón está en situación de prescindir de Podemos

Íñigo Errejón, Pablo Iglesias y Ramón Espinar, en una imagen tomada el pasado mes de agosto./EFE
Íñigo Errejón, Pablo Iglesias y Ramón Espinar, en una imagen tomada el pasado mes de agosto. / EFE
Kepa Aulestia
KEPA AULESTIA

La crisis desatada en Podemos, con el anuncio de Íñigo Errejón de ir más allá de su candidatura inicial a la presidencia de la Comunidad de Madrid para conformar una misma plataforma con Manuela Carmena, ha acabado confundiéndose con todas las desavenencias internas que afloran en la organización, también en Euskadi. Cuatro años y tres meses después de Vistalegre 1, no hay ninguna franquicia territorial de Podemos libre de divisiones y conflictos. Un año y tres meses después de Vistalegre 2, el diagnóstico de situación ofrece evidencias incontrovertibles. Podemos está experimentando un declive paulatino, en las elecciones y en las encuestas. Se ha visto obligado a modular su propia utopía. Impelido a transitar de la pretendida superación de la dialéctica izquierda-derecha, a tratar de hacerse un hueco en el tablero; del afán por coger la delantera al PSOE, a arrimarse a su estela.

No hace falta recurrir a la arqueología política para identificar los dos momentos en los que se evidenciaron las discrepancias más notables entre Iglesias y Errejón. La conformación de la alianza electoral con Izquierda Unida, y la displicencia con que Iglesias se negó a secundar a Sánchez en su primer intento de investidura. A partir de ahí, es aconsejable pasar por alto las insondables peculiaridades en las que se mueven las intensas relaciones entre los fundadores de Podemos. Por otra parte, es imposible conocer las razones por las que Errejón mantiene serias reservas ante las reminiscencias del PCE en Izquierda Unida. Del mismo modo que resulta enigmática la evolución de Iglesias en relación al PSOE, como si la moción de censura contra Rajoy santificara al ahora presidente. En cualquier caso, los dirigentes de Podemos son más diáfanos al enarbolar reivindicaciones que al explicar lo que les pasa cuando se enzarzan entre ellos.

Parece más que razonable que, en una autonomía como Madrid, donde la capital representa la mitad de su población, se articulen plataformas análogas para ambos espacios electorales ante una convocatoria conjunta como la del 26 de mayo. Es lo que van a hacer las demás opciones partidarias. En junio de 2015, Errejón publicó un tuit que decía: «La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales». Después de verse orillado, Errejón ha vuelto al 'núcleo irradiador' mediante un breve rodeo, desplazando al 'número uno' de Podemos a la lateralidad. Es evidente que si formalizó su tándem con Carmena por sorpresa fue porque, de someter la idea a la consideración de su partido, habría acabado siendo objeto de un escrutinio fatal. El mismo escrutinio que a fecha de hoy ha dejado a Podemos en una especie de limbo preelectoral, y no solo en Madrid. Como si el liderazgo de Iglesias hubiera devuelto a Podemos a aquellos momentos de renuencia por los que la opción emergente decidió no concurrir a los comicios locales de 2015 con sus propias siglas.

Ni el Podemos de Iglesias está en condiciones de optar por la división, ni el 'Más Madrid' de Errejón está en situación de prescindir de Podemos. Los dos líderes más significados de la marca original están condenados al entendimiento. Su separación no les brinda más ventaja que la de un pulso personal, a ver quién pierde más sin que ninguno de los dos gane gran cosa. Porque es inverosímil que Iglesias salga de escena por la puerta que ayer le dejó abierta Ramón Espinar con su dimisión de todo. La 'nueva política' no tiene más remedio que comportarse como la 'vieja política' cuando, después de emularla tanto, se ve abocada a preservar su subsistencia. Pero, a diferencia de lo que ha ocurrido tantas veces con los partidos tradicionales, Podemos no cuenta con resortes suficientes como para remontar el declive electoral; ni para rehacerse orgánicamente si se deja llevar por el enconamiento de las desavenencias internas. Claro que si Errejón e Iglesias deciden continuar soportándose en la frialdad, el reencuentro ya tiene un chivo expiatorio. Será Izquierda Unida, aunque simule hacer de mediadora.