Mirones
Leí que en el Londres victoriano hubo un servicio para solaz visual de caballeros. Se trataba de un lugar atendido por una madama en el ... que el cliente escogía entre varias mujeres a la que quería ver desnudarse. La peculiaridad estaba en que el caballero de modesta rijosidad se sentaba en un butacón de alto y amplio respaldo, el cual operaba de biombo preservador de su intimidad, situado de espalda a la mujer que se desnudaba, cuya imagen veía reflejada en un espejo colocado frente a él que le brindaba un buen encuadre. Morbo británico.
Son frecuentes las noticias de cámaras ocultas o fotos con móviles en duchas y servicios, sobre todo para mujeres (sórdido y lúgubre el espionaje de váter, propio de perturbación mental). Prácticas ilegales de 'voyeurismo' facilitadas por la tecnología. La extendida costumbre de fotografiarlo y grabarlo todo con la cámara del móvil supongo que tiene en el mirón abusivo a un entusiasta practicante del coleccionismo de capturas visuales. Aún peor cuando el 'voyeur' cuelga su trofeo en internet, lo cual suele servir para pillarlo.
Todos somos más o menos mirones, hay que reconocerlo. Pero una cosa es el 'voyeurismo' deliberado y otra el azaroso o de situación casual. Hay hallazgos, sobre todo en la adolescencia, que perduran en la memoria como valiosos soplos de erotismo. Ese pezón revelado por la manga demasiado ancha de una camiseta, o la falda que un golpe de viento levanta hasta desvelar el color de las bragas, son visiones inolvidables y quizá su principal valor resida en lo inesperado. Fotografiarlo le restaría encanto además de ser censurable.
En una playa nudista esta diferencia de campos es evidente. Me gustaba ver mujeres hermosas desnudas en una playa. Lo que dicen algunos de que en ese ambiente un desnudo no resulta erótico no va con mi llana apreciación. Ver entrar o salir del mar a una diosa desnuda de andar arrogante, iluminada por la luz del sol, me resultaba pura alegría de vivir. Pero que el disfrute quede solo en la retina y sin caer en la mala educación. Hoy en día, mirar a una mujer en la calle más de segundo y medio, simplemente mientras te cruzas y sin expresión alguna, cuesta que por lo general te ponga la mala cara propia de considerarlo afrentoso.
Es probable que si al mirón inglés a través de espejo le hubiesen ofrecido una cámara para perpetuar el 'striptease' de la dama, habría declinado usarla. El encanto del 'voyeurismo' reside en lo irrepetible, en su fugacidad. Como la alta valoración del vertiginoso orgasmo quizá esté, más allá del placer en sí mismo, en la imposibilidad de recordarlo.
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