claroscuros

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EFE
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El BBVA publicó ayer sus resultados del ejercicio 2018. Fueron excelentes, al ganar 5.324 millones, lo que supone superar los del ejercicio anterior en un espectacular 51,3%. El hecho de que una parte de ellos proceda de las plusvalías generadas en la venta de BBVA Chile no empaña el calificativo. La mejoría fue general, con un aumento de los ingresos, una reducción de la mora y una mejora de los ratios de capital, lo que contribuye a robustecer el balance de la entidad. Pero, a la vez, muestran el problema al que se enfrentan los bancos hoy en día. La crisis pasada tuvo tal impacto económico, tal relevancia social y tal repercusión política, que los gobiernos se han asustado y han presionado a los organismos reguladores obligándoles a imponer severas mejoras de su solvencia. Total que, para los accionistas, eso quieredecir -en lenguaje tan sencillo como poco preciso- que cuando las entidades van mal, suenan las alarmas y se reducen los dividendos; y, cuando van bien, se ven obligadas a dedicar una parte creciente de sus resultados a la mejora de sus ratios de capital. Sin duda alguna, esa realidad es la responsable de la pérdida de atractivo que tiene en Bolsa el sector que, muy probablemente, haya exagerado el castigo impuesto a sus acciones.

Como era inevitable, el asunto de los contratos con el excomisario Villarejo y las escuchas realizadas a su amparo ocupó un lugar destacado en la rueda de prensa. El presidente Torres dijo cosas interesantes, como que el banco no tenía constancia de que se hubiesen realizado, aunque no dijo que tenía constancia de que no se han realizado. Para poder decir eso hay que esperar a los resultados de la investigación interna en marcha que, por cierto, es de duración sorprendentemente larga, compleja y, supongo, cara.

También dijo que su antecesor asegura no saber nada de ello y que él -y a la vista de su inacción hay que suponer el consejo también-, le cree. Perfecto. Pero entonces hay que aclarar algunas cuestiones. Considerando que la contratación a lo largo de un montón de años ha sido confirmada y su coste, de más de seis millones de euros, ha sido reconocido por el propio banco, ¿cuál fue la contraprestación? ¿Se puede enseñar? Pero el punto más decepcionante de su intervención fue la escasa sensibilidad mostrada ante el daño irremediable causado ya en la reputación del banco. Un daño que sus colegas temen que se irradie al conjunto del sector, como manifiestan en público sin recato y cuya reparación no está a la vista, ni se la espera en meses.

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