El clamoroso (y sutil) expolio de los ahorradores

Para salvar al euro se ha favorecido a los deudores con tipos de interés mínimos

El clamoroso (y sutil) expolio de los ahorradores
Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

La financiación basada en depósitos, que suponen el 60% del total de los recursos ajenos de los bancos europeos, es una fuente estable y segura para el sistema. Pero el depósito, como representación clásica del ahorro de los particulares, para justificarse, requiere una retribución -el tipo de interés- que en este momento está siendo literalmente laminado.

Los manuales aluden a un 'tipo natural de interés'. Este tipo recoge idealmente una referencia cercana al tipo de rendimiento del capital y a la marcha de la economía, sin ser inflacionista. Si el tipo oficial vigente se aleja notoriamente del rendimiento de la inversión, y de forma más general del crecimiento del PIB, ese tipo de interés es excesivamente bajo. Sucederá entonces que el sistema estará penalizando abiertamente el ahorro de los depositantes.

La economía española ha convivido secularmente con tipos oficiales de interés mucho más altos que en la actualidad. Pero incluso, hoy en día, el BCE (0%) supone una excepción si lo comparamos con países como Estados Unidos (2,5%), Reino Unido (0,75%), Canadá (1,75%), India (6,25%), Rusia (7,75%) o China (4,35%).

La razón oficial esgrimida por el BCE para la aplicación de tipos nulos, que se tornan negativos hasta el -0,4% para los depósitos que la banca privada realice en sus libros, es la de llevar la inflación de la Unión Europea a un nivel inferior pero muy cercano al 2% anual. La oficiosa y mas profunda razón es que la salvación de euro, de su anémica recuperación y de sus gigantescas bolsas de endeudamiento soberano, requería de una subvención masiva a todo tipo de deudores, en particular los deudores públicos y estimular de esa manera la actividad económica.

Nadie puede negar el efecto beneficioso que la política de tipos de interés ultra-bajos ha tenido en la recuperación de la Eurozona. Lo que queda sin embargo más en entredicho, y resulta mucho menos conocido, es el precio pagado por ello que no ha sido otro que el expolio de los ahorradores que han visto evaporarse los rendimientos de sus ahorros. Tampoco se ha puesto el necesario énfasis en las distorsiones causadas en el mercado, derivadas de la búsqueda de activos con riesgo y la creación de burbujas potenciales. El desaliento provocado en el depositante-ahorrador lo incita a asumir el papel de inversor activando incluso líneas de endeudamiento y contribuyendo al recalentamiento del mercado del alquiler o de las bolsas de valores.

Otro tanto es aplicable a los tipos de interés a largo plazo que vienen determinados por las emisiones de deuda soberana. El llamado Programa de relajación cuantitativa ('Quantitative easing') ha llevado al BCE a comprar entre 60.000 y 80.000 millones de deuda pública al mes desde marzo de 2015. Debido a esta actuación, los tipos de interés de la deuda publica española (1,25%) están en niveles artificialmente bajos, pagando menos interés que la deuda de Estados Unidos (2,74%) y cotizando con tipos de interés negativos para las emisiones a corto plazo. Nuevamente el ahorrador se halla penalizado y resulta ser el sujeto pasivo de un impuesto silencioso que financia a todos los deudores de la economía.

La resultante de esta fotografía que revela una notable distorsión en el plano de la equidad económica es que la tradicional cultura del ahorro y de la estabilidad ha sido seriamente vapuleada. Lo que nació en la estela de la crisis como una necesaria política de estabilización ha derivado en una subvención masiva al endeudamiento.

Los políticos, de forma predominante, evitan las reformas de la oferta. Las reformas estructurales estimulan el PIB potencial, la tasa de participación y la productividad, factores todos que contribuirán a unos mayores ingresos fiscales en el futuro, lo que a su vez posibilitará el alivio de nuestra deuda insoportable. Las reformas estructurales no son populares porque implican pagar hoy el precio de los beneficios del mañana, pero si el compromiso del gobierno es honesto y las reformas son creíbles constituyen la base del saneamiento de una economía incluida su espacio fiscal.

Mientras este estado de cosas se mantenga, mientras continúe la grosera distorsión de los mercados de dinero y de deuda, los ahorradores se hallarán sometidos a un encubierto estado de represión financiera.