Citas erróneas

Un encuentro de Grindr termina en robo

La app Grindr, aplicacion de contactos para el público heterosexual y homosexual, respectivamente. /Elvira megías
La app Grindr, aplicacion de contactos para el público heterosexual y homosexual, respectivamente. / Elvira megías
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hasta hace no tanto, una cita errónea era atribuirle a Dostoievski una frase de Platón. Hoy hemos importado a través de las redes sociales, acelerándolo, el 'dating' que veíamos en las películas y la cita errónea es aquella en la que el atractivo muchacho de la foto (deportista, viajero, romántico, loco maravilloso y empleado de banca) revela en el restaurante los modales de un ñu antisocial y en el taxi las intenciones de Jack el Destripador.

Aplicaciones como Tinder y Grindr, para el público heterosexual y homosexual respectivamente, han impuesto una enorme brecha generacional (¡un cambio de paradigma!) en lo tocante al ligue y el revolcón. Si antes había que ir a la discoteca, hoy hay que sacar el móvil y comprobar si se ha dado el 'match'. Que sea más rápido no quiere decir que no sea más o menos lo mismo, aunque en la discoteca solían estar cerca tus amigos, los guardias de seguridad y las salidas de emergencia. Por si lo de la seducción derivaba en psicopatía y había que pedir ayuda, quiero decir.

A ese respecto no hay duda de que internet es peligroso, pero no tanto por internet, que refleja y contiene el mundo, como por el propio mundo, que desde luego se las trae. Las crónicas de las «malas citas» concertadas a través de plataformas de contactos se han convertido en el mundo anglosajón en un subgénero literario. Los suplementos acumulan antologías: la chica que solo sabía hablar de concursos regionales de hortalizas, el culturista que tenía el dormitorio lleno de peluches, la cena que terminó en pelea con miembros del Ku Klux Klan.

Todo puede ser aún peor. Un bilbaíno denuncia ahora que el chico con el que se citó por Grindr le drogó y le desvalijó la casa. Al despertar muchas horas después, entendió por qué tenía su ligue tanta prisa en que bebiese de la cerveza que él mismo acababa de abrir. Parece que hay denuncias de casos similares y uno piensa que, al citarse con un desconocido por internet, habría que ser prudente y reservarse una escapatoria, administrar la información, tener cuidado de a quién se sube a casa. Pero, si lo piensan, son la clase de consejos que servían igual para la discoteca y que probablemente, a ciertas horas y en ciertas circunstancias, se han cumplido siempre regular. A veces te roban el corazón. Y otras veces, en fin, te roban el portátil.

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