Cita previa

Quien disfruta el poder mucho tiempo tiene la sensación de pertenecer a un grupo con derechos especiales

Cita previa
Pedro Urresti
Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

Ni el Departamento Vasco de Salud ni Osakidetza han recibido aún notificación oficial de la Fiscalía, bien se trate de mera información o de alguna desagradable cita previa como la que nos asigna fecha y hora para una colonoscopia. Pero están esperando. Ayer este periódico resumía nuestro pequeño escándalo local (que podría darnos mala fama mundial si la noticia saliera a correr mundo) de esta manera: «las irregularidades detectadas en la oferta pública de empleo de Osakidetza celebrada los pasados meses de mayo y junio para cubrir puestos en una veintena de especialidades médicas han provocado investigaciones internas, dos relevos, expedientes a seis miembros de un tribunal calificador e incluso repeticiones de exámenes en tres disciplinas». Excelente resumen. Un rápido y escueto recorrido por las estaciones visibles. Más difícil es hacer un esquema con la vida cotidiana de los profesionales afectados: los que aspiraron a las plazas, los que formaron parte de los tribunales, los que creen que era mejor dejar las cosas como estaban, los que saben y los que no saben, que a veces son los mismos. LAB y ESK han protestado por las presiones que, según afirman, están sufriendo los anestesistas que denunciaron las asombrosas coincidencias y los milagros estadísticos ocurridos en las pruebas.

Osakidetza niega que haya ningún tipo de discriminación o presión. Esto no nos aclara nada, pues inocentes y culpables niegan por igual cuando son acusados. Pero este lunes todo el asunto ha sufrido un impulso que anuncia nuevas etapas y conclusiones. El sindicato ELA dio la noticia: la Fiscalía Superior del País Vasco ha terminado de investigar las denuncias presentadas por este y otros sindicatos y ha concluido que «hay indicios de revelación de secretos». O sea, que hay caso. Es probable, o al menos posible, que alguien se haya pasado un poco haciéndoles un baipás a las reglas de juego. Todo, sin duda, por una buena causa o por más de una, más o menos elevadas, más o menos sinceras, mixtas, confusas o claras como la luz de los quirófanos. Quien se mete en el camino de flexibilizar las normas en pro de una buena causa suele hacerlo porque todas sus causas le parecen buenas (y las de de los demás malas, tan malas como ellos). El poder le da a quien lo disfruta durante mucho tiempo la agradable sensación de pertenecer a un grupo que tiene derechos especiales y especiales prerrogativas. Además el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones que a veces se estropean en el recorrido y de malas intenciones que se unen a la procesión una vez que las garantías de equidad e imparcialidad se vuelven tan blandas que el sistema pierde sus defensas contra infecciones oportunistas. Lo mejor que puede pasar ahora es que la equidad y la imparcialidad de la Justicia se presenten sin sombras en el estrado.