Los cimientos

En Bizkaia hay 1.752 caseríos protegidos por su interés cultural

Los cimientos
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El urbanita sale de la ciudad, sube hasta alguna altura propicia para disfrutar de las vistas y se sorprende de la pertinencia de esas casas blancas que ahí abajo motean el paisaje. Son tan independientes, sobrias y proporcionadas que causan una inmediata simpatía. El modo en que se integran en el entorno, resaltándolo, oscila entre la naturalidad y la delicadeza. Es imposible no pensar en lo mucho y terrible que su presencia evita: las acumulaciones de adosados como soñadas por Escher, los chalés de diseño aeroespaciales junto a la costa... ¿Quiénes vivirán en esas casas sensatas? El urbanita, que sale de excursión con la cosa pública en la cabeza, piensa que deberían tener alguna suerte de reconocimiento institucional. Los animales del campo lo miran con asombro cuando empieza a hablar consigo mismo, como si hubiese enloquecido: «¿Existirán programas públicos de apoyo a la tranquilidad estética?».

La respuesta es no, claro. Pero un poco sí. Más o menos. Muchos caseríos cuentan con alguna clase de protección y la Administración subvenciona en mayor o menor medida sus reformas, garantizando así que éstas sean respetuosas con las características propias del inmueble y también con las leyes de la gravedad. Parece que, del mismo modo que ayer el caserío corría peligro cuando se acercaba con malas intenciones el señor feudal, hoy sus cimientos tiemblan cuando se acerca el contratista con el proyecto de reforma y el nuevo propietario lo mejora todo con unas fotos inspiradoras de la casa de Cristiano en Madeira. Hay quien se traslada a vivir al campo como se trasladó Gengis Khan al Asia Central. Dispuesto a todo.

La buena noticia es que también se intenta que siga funcionando lo que lleva quinientos años funcionando bien. Hay 1.752 caseríos en Bizkaia que cuentan con algún interés patrimonial y son tenidos en cuenta por la Administración. Cuarenta y cuatro de ellos disfrutan de la máxima protección, al ser considerados bienes culturales. Detrás de cada uno hay una historia que atañe a familias concretas, pero que también transmite algo más general que tiene que ver con la organización social y económica de un país. Ahora que lo pienso, el círculo se cierra de un modo coherente cuando hoy entramos en uno de esos caseríos centenarios transformados, con primor, en restaurantes.

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