cifras y letras

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Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

No hay paraíso sin su trastienda problemática. La de los cascos históricos peatonales tiene que ver con los coches, las furgonetas y los camiones y se concreta en horarios de reparto, accesos de vecinos, cargas, descargas, taxis, suministros, vehículos especiales. Si a media tarde el centro histórico es un remanso de calma, piedra y pertinencia, siete horas antes era, con toda probabilidad, un caos de repartidores, coches particulares y claxonazos. Piensen que un estacionamiento en la fotogénica y estrecha calle medieval es con frecuencia un colapso. Y que raro será que en esa calle con encanto no haya alguien que tenga prisa por desplegar un toldo, instalar un expositor o desplegar una terraza.

Se trata de un problema con el que hay que convivir y la mejor manera de intentarlo consiste en controlar los vehículos que acceden a la zona peatonal. Para garantizar que tienen permiso para hacerlo. Y también que su estancia en la zona limitada ha estado dentro del tiempo permitido.

Es lo que va a hacerse en el Casco Viejo mediante la colocación de treinta de esas cámaras que son capaces de escanear las matrículas de los coches. La instalación de esos aparatos y el servicio consiguiente se saca ahora a licitación. Que el núcleo histórico de Bilbao responda a un diseño compacto y bastante planificado facilitará la vigilancia. Una vez controlados todos los puntos por los que los vehículos pueden entrar y salir del Casco Viejo, el Ayuntamiento estará en disposición de detectar aquellos que no pertenezcan a vecinos, repartidores, servicios especiales o clientes de establecimientos hoteleros. También a los que, perteneciendo a esos usuarios autorizados, incumplen los horarios o cometen alguna infracción.

Todos estos caminos conducen por supuesto a la sanción, aunque en el Consistorio aseguran que el objetivo de las cámaras es en el fondo noble y tiene que ver con lo peatonal. La medida se asemeja en cualquier caso a lo que lleva tiempo funcionando en otros lugares. Yendo en coche un poco despistado, hoy es más seguro atravesar una carretera de Bosnia-Herzegovina en la que queden minas que meterse en el centro histórico de cualquier ciudad, no sé, castellanoleonesa. En el segundo caso, los multazos acumulados pueden terminar siendo terribles, dolorosísimos, muy cruentos.

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