Centrar el problema, acertar la solución

Si de verdad se quiere 'normalizar' el mercado eléctrico y los precios, el sector propone varias soluciones que parecen razonables

Incremento enorme de los precios de la luz. /El Correo
Incremento enorme de los precios de la luz. / El Correo
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Las noticias que desvelan un incremento enorme de los precios 'de la luz' han soliviantado a la opinión pública, hasta tal punto que el propio Gobierno empieza a lanzar mensajes sobre futuras actuaciones drásticas. La preocupación está muy bien, lo malo es que los mensajes no son siempre coherentes. Por ejemplo, algunas voces proponen penalizar a la generación hidráulica.

¿Razones? Dicen que las eléctricas reciben «beneficios del cielo», que es de donde habitualmente llueve. Supongo que consideran que no los merecen pues los pantanos y las centrales las han debido construir y las operan los ángeles. ¿Son nocivas, contaminan y causan daños al medio ambiente? No, son limpias, flexibles y eficientes y eso empieza a ser un pecado que carece de perdón.

Antes de lanzarnos a degüello, convendría centrar bien el problema y poner las cosas en su sitio.

En primer lugar, las subidas son generales en toda Europa porque sus causas son también comunes. En su gran mayoría se deben al incremento del precio del CO2, que es una decisión adoptada con amplio consenso para desincentivar el funcionamiento de los tipos de generación fósil, como el gas y el carbón, que son más contaminantes, y favorecer el uso de las renovables. Y otra parte se deriva de las subidas del precio del gas, un combustible cuyo precio se liga al petróleo y ya habrá comprobado usted, al cargar gasolina o diésel en su coche, como están las cosas en ese sector.

También conviene acotar su impacto en el número de afectados y en la tarifa. En España, un 17% de la energía eléctrica la consumen los clientes industriales, que gestionan su consumo con precios ligados al mercado 'spot'. Un 72% de la energía está contratada a precio fijo. Son 16 millones de clientes domésticos e industriales que compran la electricidad a un coste estable y a quienes no les afectan las subidas puntuales. Y, un 11% lo forman los 11 millones de clientes residenciales que no han elegido el mercado libre y se indexan al precio que establece el mercado diario.

En cuanto a la tarifa, el precio de la energía supone el 27% del total. Un 20% se lo lleva el transporte, las redes; un 22% los impuestos, un 19% las primas a renovables y a la cogeneración y un 12% a los beneficios concedidos a los consumidores de las islas y al pago del déficit tarifario. Es decir, como el incremento medio del precio de la energía ha sido del 2% desde enero -por el camino bajó y ahora sube más-, el aumento en la factura es del 0,8%, lo que supone menos de 0,7 euros/mes en el recibo medio de un cliente residencial. Son datos proporcionados por el sector.

Si de verdad se quiere 'normalizar' el mercado y los precios, el sector propone varias soluciones que parecen razonables. Una sería desvincular los precios finales del mercado diario, que introduce una gran volatilidad, e indexarlos a los mercados a plazo que son mucho más estables, como se acostumbra en la mayoría de los países europeos. Otra sería incluir las ayudas al bono social -afecta a 2,4 millones de clientes-, entre los planes anunciados de reducción del IVA. Y una tercera, distribuir más equitativamente entre las diferentes fuentes de energía los esfuerzos derivados de la transición hacia energías más limpias.

Al final, este tipo de debates son los que se echan en falta cuando se lanzan mensajes aparatosos y radicales que asustan a la gente y dificultan su percepción más cabal. El consumo eléctrico -el de origen renovable- tiene una importancia creciente en toda Europa y es un objetivo común, generalmente aceptado. Por eso es necesaria la clarificación del problema, su precisa cuantificación, determinar el origen y las causas que lo crean y pactar de la manera más amplia posible su solución. Si además lográsemos estabilizar el modelo para hacerlo más previsible ganaríamos todos, pues conseguiríamos a la vez atraer inversiones al sector, salvaguardar el medioambiente y estabilizar en el tiempo la evolución de los precios. ¿Es mucho pedir, no?

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