Entre cenizas

El fuego calcina 110 hectáreas en Muskiz

Entre cenizas
EL CORREO
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El incendio de Muskiz se consiguió extinguir ayer sobre las ocho de la mañana. Alrededor de 110 hectáreas y un gran susto: ahí tienen un balance apresurado. La noche del domingo, cuando el viento soplaba con fuerza y las imágenes del fuego acercándose a las casas se multiplicaban por redes e informativos, se extendió por Bizkaia una preocupación enorme. También una inconfundible. Podemos como especie enviar astromóviles a Marte, pero en el fuego seguimos reconociendo una amenaza absoluta y una indefensión antigua.

Por fortuna, hemos mejorado y entre nosotros y el miedo ya no interponemos hechiceros -o cada vez lo hacemos menos, exceptuando quizá a Miguel Bosé- sino especialistas con conocimientos, experiencia y medios adecuados. Esta vez han sido ochenta y cinco personas, entre técnicos forestales y bomberos. Estos últimos provenientes en su mayoría del servicio de la Diputación, pero también de los Ayuntamientos de Castro y Bilbao.

Que haya quien en el fuego, en lugar de una amenaza, reconozca una oportunidad de satisfacer su ambición económica, sus deseos destructivos, sus pulsiones enfermizas, o puede que varias de estas cosas a la vez, explica al parecer que el incendio de Muskiz tuviese tres focos simultáneos. Eso es casi lo mismo que decir que fue intencionado. Desde el primer momento se habló de ello, circularon algunos vídeos al respecto y ayer la consejera de Seguridad confirmó con claridad que la Ertzaintza trabaja con esa hipótesis. Alguien está detrás del fuego. El alcalde de Muskiz habló por su parte de «desalmados» y, a la espera de mayores precisiones, tampoco parece muy probable que yerre con el diagnóstico.

Pocas cosas tan incomprensibles como el aura de enigma que en ocasiones parecemos otorgarles a quienes le pegan fuego al paisaje. Visto de cerca, ni siquiera aquel famoso John Orr, el insistente pirómano que no solo resultó ser capitán de bomberos en California, sino también perito especializado en incendios, era más que un desalmado.

Es mucho el daño que puede iniciarse con un poco de combustible y es demasiado imprevisible su alcance final. Humea todo el norte del país y el pronóstico meteorológico extiende la alerta hasta mañana. Esta vez la lluvia no va a recibirse como suele, con una maldición, sino con un enorme respiro.