Las cosas del nacionalismo

El abertzalismo, hoy alarmado con Vox, yerra al culpar a la Constitución de casi todo e ignorar los destrozos del soberanismo

Las cosas del nacionalismo
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La España política, con la habitual excepción de los nacionalistas, conmemoró ayer el cuarenta aniversario de la Constitución con un acto solemne en el Congreso presidido por los Reyes, al que también asistieron los monarcas eméritos.

EH Bildu salió a la calle en Bilbao, sin demasiado éxito todo hay que decirlo, en favor de una república vasca y para insistir en una mentira que no por mil veces repetida será verdad: que Euskadi dijo 'no' a la Carta Magna.

El núcleo dirigente del PNV hizo 'puente'. Menos el senador Jokin Bildarratz, de guardia para que no faltara el mensaje jeltzale en día tan señalado. Mensaje crítico con la norma constitucional. Para Sabin Etxea la causante de casi todos los males de nuestra vida pública.

No sé si merece la pena insistir en recordar que Euskadi sí aprobó legal y jurídicamente la Carta Magna. Hubo una abstención del 55%, la habitual en cualquier convocatoria electoral y otra que respondió al llamamiento que realizó el PNV en tal sentido.

Pretender apropiarse de todo el paquete es una manipulación. Concluir de ello un supuesto rechazo vasco a la Constitución, incierto. El segundo Estatuto catalán también se aprobó con una abstención superior al 50% y nadie cuestiona su vigencia.

Luego está Navarra. La comunidad que el nacionalismo considera parte de Euskal Herria y de cuya historia se apropia, votó muy distinto a la comunidad autónoma vasca. Como siempre. Allí la abstención fue mucho más baja y el 'sí' ganó con bastante más amplitud.

El PNV exigió ayer de nuevo que el Estatuto se complete de una vez. Con razón. Pero volvió a olvidar que la Carta de Gernika es hija de la norma constitucional. Que sin ella no disfrutaríamos del mayor autogobierno de Europa y de nuestra historia.

En cambio, Bildarratz cayó en la desmesura de achacar a la Carta Magna no servir para resolver el problema catalán, la corrupción, la tensión política o el descrédito de la Justicia. Excesivo e incierto.

El problema catalán se ha agravado cuando el soberanismo, minoría mayoritaria pero minoría al fin (tiene el 47% de los votos), ha ignorado y sigue ignorando esta tozuda realidad y pretende ejercer un presunto derecho a decidir que no tiene porque constitucionalmente corresponde a todos los españoles.

De corrupción, de meter la cuchara en la Judicatura y de la tensión política que padecemos, factores que han ayudado a la irrupción de ese Vox que tanto preocupa al PNV, los jeltzales también tienen su parte de responsabilidad.

Los peneuvistas están en su perfecto derecho de no condenar, incluso de envidiar el fallido 'procés'. También de reclamar el derecho a decidir. Pero saben que ello lejos de desactivar a Vox lo alienta y derechiza al PP.

Por cierto, otra de historia. Las Cortes constituyentes ya abordaron el derecho de autodeterminación en 1978. Lo planteó 'Ortzi' (EE, hoy en Bildu) y fue rechazado con el voto del PNV. Luis Gómez Llorente (PSOE), por su parte, defendió la República como forma de Estado «por lealtad a nuestros electorado». Sobra decir que tampoco prosperó.

 

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