Cartagena de Indias

Un país con ciudades así se merece prosperidad, paz, justicia y futuro

Chimamanda Ngozi Adichie asiste al Hay Festival en Cartagena./Ricardo Maldonado Rozo / EFE
Chimamanda Ngozi Adichie asiste al Hay Festival en Cartagena. / Ricardo Maldonado Rozo / EFE
Manuel Vilas
MANUEL VILAS

Acabo de regresar con el corazón encendido de Cartagena de Indias, donde se ha celebrado el Hay Festival de Literatura, encuentro internacional de escritores y pensadores que convierte las ciudades en una auténtica celebración de la libertad y la cultura. Cartagena estaba pletórica de actos culturales, con escritores de todo el mundo, como Mircea Cartarescu, Chimamanda Ngozi, Zadie Smith, Philippe Sands, Álvaro Enrigue o Leonardo Padura. Hay mucha vida literaria después de García Márquez y Colombia vive un excelente momento a través de distintas generaciones de escritores, y por Cartagena de Indias pasaron creadores colombianos como Héctor Abad Faciolince, Juan Gabriel Vásquez, Piedad Bonnett, Santiago Gamboa, Jorge Franco, Laura Restrepo, Mario Mendoza, Carolina Sanín y Winston Morales, entre otros. Se habló mucho de los retos de la democracia y de la crisis política de Venezuela, país hermano de Colombia, pero me quedé prendado del ambiente callejero, y de los sombreros que se vendían en todas partes. Sombreros bellísimos. Quise comprarme uno, pero no hubiera sabido dónde guardarlo en la maleta. Luego me dijeron que se podían plegar, pero ya era tarde.

En Cartagena descubrí una fruta que me parece excepcional: la pitahaya, también conocida como 'fruta del dragón'. Es una fruta desconocida en España, y yo auguro éxito comercial a quien logre introducirla en los mercados europeos, porque es excepcional. Yo describiría a la pitahaya como una fusión mística entre el kiwi oro, el melón español y los higos. La naturaleza también escribe literatura, y su mejor libro es la pitahaya. Al tercer día de estar en Cartagena me di cuenta de que me había hecho adicto a esa fruta. Puedes comer cuanta quieras, es como beber agua, agua salvajemente perfecta. Comenté a varios escritores colombianos mi descubrimiento y me advirtieron que, comida en abundancia, como yo venía haciendo, la pitahaya podía tener incontinencias intestinales, que a mí no me ocurrieron nunca. Ahora me volveré loco buscando la fruta por toda España. Me dijeron que hay algunas fruterías en Madrid donde la venden. Las visitaré pronto. ¿Puede una fruta tropical causar adicción? Si eres adicto a la belleza, pues sí. Por eso también puede causar adicción una ciudad tan especial como Cartagena de Indias, donde el sol, la brisa del Caribe, la humedad ferviente, los árboles, la vegetación en estado de gracia, las casas, los palacios, los conventos, las iglesias, las calles estrechas, los patios, las fuentes, las piscinas de los hoteles, los puestos ambulantes, la música, llegan a tu cuerpo como un huracán de voluptuosidad y de afirmación de la vida. Uno se siente como coronado de viento y humedad en Cartagena. Solo estar allí, en esa ciudad, y no hacer otra cosa que estar en ella, se percibe como un éxito de la existencia, un éxito de la vida. Un país que tiene ciudades como Cartagena de Indias, se merece prosperidad, paz, justicia y futuro.