Carpetazo a una legislatura enfangada

Hemos estado tan pendientes del envase (el 'procés', la república, el pueblo, el 155…) que nos hemos olvidado de que lo importante es el contenido: la cohesión, la libertad, el respeto

Carpetazo a una legislatura enfangada
Jose Ibarrola
Jesús Prieto Mendaza
JESÚS PRIETO MENDAZAAntropólogo y profesor

Pedro Sánchez cae bien, me cae bien, y me han dolido los injustos ataques a los que ha estado sometido en los últimos meses. Pero hemos de ser objetivos y, por lo tanto, debo reconocer que para ser presidente del Gobierno hacen falta, además, otros muchos atributos. Quizás por eso su comparecencia de ayer me ha parecido más un mitin de campaña que una declaración institucional para anunciar elecciones el 28 de abril y, sintiéndolo mucho, me ha decepcionado. Ha subrayado el presidente tres grandes objetivos conseguidos durante la legislatura que hoy parece finalizar: la mejora económica y de empleo; la distribución de la riqueza y la justicia social (unida íntimamente al primer objetivo) y el fortalecimiento de las instituciones, la convivencia y la cohesión entre españoles. Lo siento, creo que no se han cumplido estos objetivos, y en especial el último, y creo además que la culpa no es precisamente de Pedro Sánchez, sino de su situación de debilidad y dependencia de unos compañeros de viaje, ciertamente, de conveniencia.

En la madrugada del día 4 de febrero comandos de los CDR embadurnaron varios juzgados de Cataluña con excrementos. Una acción simbólica que pretendía categorizar como sucia, residual o hedionda la institución que juzga, desde el día 12, a los encausados por el 'procés': la justicia española. Bien, me van a permitir, y espero que no lean este artículo mientras desayunan, que vuelva a utilizar las heces para definir mi consideración sobre esta legislatura efímera. Y es que, en mi opinión, si algo puede definirla es precisamente el cúmulo de porquería que se ha lanzado en todas direcciones. Un ataque del que le ha sido muy difícil defenderse con un escudo de tan sólo 84 diputados.

¿Por qué afirmo que ha sido esta una legislatura enfangada? Porque desde que en junio de 2018 Mariano Rajoy fuera expulsado mediante la moción de censura, el cúmulo de detritus acumulados en la vida política española ha superado todos los récords. Por supuesto que la crítica, la disidencia, la confrontación dialéctica y la oposición son legitimas en democracia. ¡Claro que sí! ¡Faltaría más! Pero lo que nadie puede justificar es que bajo la coartada de la libertad podamos insultar, destruir, humillar, deshacer, excluir… pues el continente del Estado de Derecho no puede soportar un contenido tan ácido que pueda disolverlo. Decía Eduardo Galeano que vivimos tiempos de «cultura del envase», en los que «el contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios». Pues bien, en mi opinión, durante esta legislatura hemos estado tan pendientes del envase (el 'procés', el pueblo, la democracia, la república, el referéndum, el 155…) que nos hemos olvidado de que lo importante es el contenido (la cohesión, la fraternidad, la libertad, el respeto, la convivencia, la hermandad entre los ciudadanos).

El desprecio con el que los líderes independentistas han contestado a los guiños efectuados por el Gobierno socialista, la irrupción de Vox en la política española y el populismo instalado en muchos de los discursos ofrecidos por líderes, tanto de la izquierda como de la derecha española, han sido de una insensatez extrema. No podemos extrañarnos, por lo tanto, que se haya creado en el país una atmósfera que resulta irrespirable. Un ambiente dominado por un odio dicotómico, cainita, en blanco o negro, sin matices: izquierda o derecha, fachas o rojos, progresistas o conservadores, centralistas o independentistas, patriotas o traidores, machistas o feministas, pijos o progres, pro relator o anti relator, de senyera o de española…. Una sociedad que ha caído, como nunca desde la Transición, en un lenguaje guerracivilista que creíamos ya felizmente superado, y del que hay numerosos culpables entre políticos, tertulianos y pirómanos anónimos de las redes sociales. Tantas han sido las boñigas esparcidas que va a ser realmente complicado limpiar toda la caca caída sobre la sociedad española.

Sánchez ha demostrado ser un superviviente, esto es cierto, pero le va a ser muy difícil sacudirse de la imagen de debilidad ofrecida. Con unos partidos de centro derecha contaminados por la cercanía de Vox (ya les dije yo en su día que echaríamos en falta a Mariano Rajoy y a Soraya Sáenz de Santamaría) que miran con preocupación una posible repetición del éxito obtenido en Andalucía por estos nuevos representantes del nacionalismo español.

Con una situación de desunión evidente en las filas de Unidos Podemos, a quienes se les escapan líderes muy valorados. Con un nacionalismo catalán en manos del president Torra aquí, y de Puigdemont allí, al que ERC mira cada vez menos de reojo. Con un PNV que ha quedado entre perplejo y abatido al ver las consecuencias actuales de su cambio de apuesta en el último minuto. Con el juicio del 'procés', al que se le suponen todavía varios meses de sobresaltos. Con una Unión Europea que contempla ciertos indicadores de nuestra economía con preocupación; un mundo empresarial que no augura sino nubarrones en el horizonte. Y con unas encuestas, en las que pocos creen, que dibujan un futuro electoral dominado por la incógnita. No sé si ustedes lo ven, pero yo diría que Pedro Sánchez, y con él la política española, tiene un 'marrón'.