Campeones y diferentes

El miedo a la diferencia está relacionado con un sentimiento de amenaza al amor propio que lleva a marginar a los que se perciben como distintos

Campeones y diferentes
Felip Ariza
BEATRIZ GARVÍA PEÑUELASPsicóloga clínica y psicoterapeuta, experta en discapacidad intelectual

Sainte Mère l'Église es una pequeña comunidad francesa de la región de Normandía con una iglesia de cuyo campanario cuelga la figura de un paracaidista. Es un homenaje a John Steele, uno de aquellos jóvenes valientes que ha pasado a la historia del Desembarco al quedarse colgado del campanario rodeado de nazis durante toda la primera parte de aquella gigantesca operación militar. Steele resistió en el tejado hasta que las tropas terrestres aliadas liberaron aquel pueblo, uno de los primeros que, en junio de 1944, recibió a los miles soldados que combatieron en Europa para liberarla del nazismo. Es decir, de la máxima expresión de la xenofobia, el odio y del miedo letal hacia lo diferente.

Ahora, en una de las paredes de esa iglesia, se lee: «la naturaleza crea las diferencias, la sociedad, las desigualdades». La frase me impactó. Su autor, Tahar Ben Jelloun, poeta y escritor marroquí en lengua francesa, ha escrito también sobre «vivir con nuestros diferentes» y en un fragmento del texto dice: «cada cara es un milagro»… Y hay caras diferentes, como la cara de la discapacidad.

El miedo a la diferencia, que el nazismo condujo hasta el genocidio, está relacionado con un sentimiento de amenaza al amor propio que lleva a atacar o marginar a los que se perciben como distintos. Y es que, la percepción del otro como distinto, genera angustia en ciertos colectivos humanos que concluyen que ese otro debe ser negado y, eventualmente, eliminado.

¿De dónde surge ese miedo a la diferencia? No podemos hablar de ello sin hacer referencia al concepto de prejuicio, entendido como la aplicación de un sentir, casi siempre negativo, sobre generalizaciones que no tienen en cuenta las diferencias individuales. Se trata de una actitud de hostilidad contra grupos humanos dirigida por personas que, con frecuencia, jamás han tratado a las que rechazan. Una actitud que genera una falta de espacio para la diferencia cuyo exponente más terrorífico lo encontramos en el Holocausto, exterminio 'legalizado' e industrializado de más de 9 millones de personas 'diferentes'. Pero, atención, a pequeñas dosis el miedo al diferente es una constante en nuestras vidas.

Freud, judío, en 'El tabú de la virginidad', se refiere al «narcisismo de las pequeñas diferencias» que forman la base de los sentimientos de extrañeza y hostilidad. Explica que el temor a lo diferente no está en proporción al grado de diferencia objetiva sino a la diferencia emocional. Son las diferencias de menor importancia la base de una amplia gama de conflictos que van desde la defensa de costumbres y tradiciones hasta sangrientas guerras civiles y, como consecuencia de esta hostilidad humana, primaria y mutua, la sociedad civilizada está en constante riesgo de desintegración.

«Las personas con discapacidad tienen capacidades y talentos y se ganan un Goya a pulso»

En toda España ha emocionado el discurso de Jesús Vidal, persona 'diferente' por su discapacidad, que se ha llevado un Goya. Su discurso, emotivo, se ha basado en la diferencia. Dijo que las primeras palabras que le vinieron a la cabeza al recibir el premio fueron: inclusión, diversidad y visibilidad para, a continuación, exclamar una afirmación muy valiente: «¡A mí sí me gustaría tener un hijo como yo!»

Tener un hijo con discapacidad no es fácil. Tampoco es fácil tener una discapacidad, vivir con ella y llevarla inscrita en la cara: «cada cara es un milagro» -dice Jelloun-. No es fácil ser 'diferente'. Pero Jesús Vidal ha visibilizado a un colectivo diferente. Y lo ha hecho sin miedo, con agradecimiento y demostrando que la inclusión es una meta alcanzable. Las personas con discapacidad tienen capacidades y talentos y se ganan un Goya a pulso.

Llegar hasta aquí ha costado mucho. A lo largo de la historia de la humanidad, la representación social de la persona con discapacidad ha ido variando. Durante el Imperio Romano era considerada un monstruo que había que eliminar. Del siglo IV al siglo XVI el niño con discapacidad era considerado un hijo del pecado. Se le aceptaba de manera parcial y solía ser internado en instituciones religiosas. A partir de 1600, merced al racionalismo, el niño con discapacidad es visto como un ser humano objeto de interés. Es «el buen salvaje» para el que hay que buscar estrategias adecuadas. En el siglo XIX, con la industrialización, el concepto de persona con discapacidad se vincula al de enfermo peligroso y permanece en centros psiquiátricos. En la primera mitad del siglo XX la imagen de la persona con discapacidad es la del eterno niño al que hay que proteger y cuidar. Así nacen las instituciones protegidas en las que pasan su vida instalados en lo infantil.

Es decir, desde el exterminio a la segregación o a la sobreprotección, hemos pasado por muchas maneras de concebir a las personas 'diferentes' y siempre porque nos parecen ajenas.

Sin embargo, el siglo XXI ha arrancado con ideas de tolerancia e inclusión. Pese a la amenaza de la intolerancia yihadista o de muros de Trump contra el diferente, nunca en la Historia de la humanidad, hemos vivido tiempos como los actuales; una magnífica época en la que 'un discapacitado' gana un Goya por su talento y todos nos emocionamos con él.