Caerse mal

La mala química, la de repelerse, se da con la misma intensidad y rapidez que la atracción

Caerse mal
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Juan Bas
JUAN BAS

Cuando dos personas se ven por primera vez, incluso sin que medie un mínimo diálogo, pueden atraerse mutuamente (o una sí y la otra no): decide la química en unos segundos, por encima o fuera de la razón. Creo que con la misma intensidad y rapidez se da también la mala química, la de repelerse y caerse mal en un instante; en estos casos suele ser una sensación mutua. Resulta algo curioso, y quizá extraño. Es rasgo de buena dirección de cine conseguir que un personaje caiga mal al espectador con solo un par de pinceladas y sin cargar las tintas. Por ejemplo, en 'Delitos y faltas' (1989), para mí la mejor y más compleja película de Woody Allen por el dilema ético que plantea, la presentación del personaje de Alan Alda, cuñado del de Woody, resulta modélica. Es un cretino pretencioso que cae mal con su primera frase y además aprecias que a Woody le cae aún peor que a ti.

A veces la primera impresión no es la que prospera. En pocas ocasiones, conoces más a alguien que no te ha gustado de entrada y cambias de apreciación, la señal de mala química inicial se transforma o desaparece. Sé que me ha pasado alguna vez, pero ahora mismo no recuerdo ninguna. Más frecuente es lo contrario: que alguien que te caía bien ha cambiado, o has cambiado tú, o ambos, y sin que medie afrenta o desavenencia explícita alguna cada vez te gusta menos porque el puente de entendimiento que servía para comunicaros, se ha desplomado. Pero lo más habitual es que quien te cayó mal de entrada te caiga todavía peor si no te queda más remedio que establecer algún trato, sin posibilidad de huida. Puede ser que esta relación obligada la hayas condenado de antemano por prejuicios y te ciegues a la posibilidad de ver otra cosa, pero la reacción química suele ser sabia, exacta y su aviso leal.

En la cúspide de los que te caen mal en las relaciones personales de superficie están los que practican el 'sincericidio' sin que les hayas dado vela de confianza para que te hagan una vivisección de cómo eres y cómo debes ser, por tu bien y para encauzarte en el camino de la perfección. Fuera de serie y en una categoría superior y metafísica de caer mal están las personas que mi colega y amigo Pedro Ugarte define con gracia en su muy recomendable nuevo libro 'Lecturas pendientes' como «eximidas de comportarse con corrección […] una rara condición moral […] que no está al alcance del común de los mortales».

Y al igual que sucede en una partida de póquer, que cuando al cabo de una hora de juego no has descubierto quién es el primo a desplumar es porque el primo eres tú, cuando en una reunión con gente nueva no notas que alguien caiga mal, será con toda probabilidad porque el que caes mal, eres tú. De hecho, con los años cada vez me caigo peor a mí mismo; pero no me queda más remedio que aguantarme.