Cainismo y política

Quien parecía un cadáver político preside ya Andalucía. ¿Se empeñará Pedro Sánchez en cobrarse la cabeza de Susana Díaz?

Cainismo y política
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Duelo a garrotazos', también conocida como 'La riña', la dura e inquietante pintura negra que Francisco de Goya dibujó en su casa a modo de decoración, fue durante años el símbolo de la existencia de dos Españas políticamente irreconciliables.

Afortunadamente aquella fractura fue quedando atrás, salvo episodios muy puntuales. Si la reaparición de la ultraderecha en Andalucía puede ser el anticipo de una indeseada vuelta atrás es algo que aún está por ver.

Pero lo que no ha desaparecido de la política es el cainismo. En origen, esa agresiva conducta de algunas aves que les lleva a devorar a sus hermanos pequeños, que sigue haciendo fortuna. En nuestra política y en la de muchos otros países del entorno.

Tradicionalmente el cainismo se ha vinculado a la izquierda, no sin una base objetiva. Basta con observar lo sucedido, por ejemplo, en Podemos tras el congreso de Vistalegre II y qué ha sido de aquellos dirigentes que se atrevieron a plantar cara a Pablo Iglesias, por no rebobinar más en el tiempo.

Pero no estamos ante un comportamiento exclusivo de las izquierdas. La derecha ha hecho y sigue haciendo sus pinitos. No tienen más que preguntárselo a quien en la tarde de ayer se convirtió en el séptimo presidente de Andalucía, primero que no es militante del PSOE, el popular Juan Manuel Moreno Bonilla, gracias a los votos de su partido, de Ciudadanos y de los ultraderechistas (Núñez Feijóo, dixit) de Vox.

El líder del PP andaluz estaba predestinado a convertirse en un cadáver político tras las autonómicas desde que Pablo Casado ganó a la valedora de Bonilla, la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, la batalla por sustituir a Mariano Rajoy.

El batacazo que sufrió el partido en las urnas -perdió más de 300.000 votos- pudo ser el empujón definitivo. Pudo, pero no lo fue porque el PSOE-A ganó, sí, pero dejándose 400.000. Y, sobre todo, porque las derechas sumaban para hacerse con el poder, como así ha sido.

Moreno Bonilla tiene previsto jurar su cargo mañana viernes. Pues bien, salvo contratiempos finales, el acto nos va a regalar la foto que no ha sido posible desde el cónclave nacional del PP. Juntos, y se supone que sonrientes e incluso abrazados, los 'desaparecidos' Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, con Pablo Casado.

La imagen que seguirá pendiente es la de los tres últimos presidentes del PP vivos, Aznar, Rajoy y Casado. El primero no tiene previsto bajar al Sur y Casado se ha encargado de que él y Rajoy no coincidan en el cónclave de rearme ideológico que celebrará el partido este fin de semana. Rajoy hablará mañana. Aznar, el sábado.

Y si las urnas han salvado a Bonilla e incluso le han convertido en el primer barón del PP, al gobernar la comunidad más poblada de España, esas mismas urnas han dejado a la expresidenta socialista andaluza Susana Díaz a los pies de los caballos.

Pedro Sánchez firmaría gustoso el finiquito de la carrera política de su compañera, impulsora junto a Felipe González de la pinza que le forzó en su día a dimitir como líder del PSOE. Que lo intente dependerá de que resista en La Moncloa y al frente del PSOE.

Por mucho que Susana Díaz quiera seguir, sería extraño que el PSOE-A no se renueve tras el duro revés.