Sol y buitres

Otro avión está a punto de impactar contra un grupo de buitres en Loiu

Sol y buitres
EFE
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hace solo unos días, leímos en estas páginas que el piloto de un Airbus procedente de Vigo se había quejado a la torre de Loiu, al aproximarse para aterrizar en el aeropuerto, de que no se habían «comido» un buitre de «chiripa». El domingo leímos al jefe de bomberos del aeropuerto explicando que se jubila con el temor de que un día pase «algo grave» con los buitres.

Si a algo no pueden acostumbrarse los aeropuertos es a las emociones fuertes. Pues dicho y hecho: el lunes otro avión tuvo un susto en Loiu y no con un buitre, sino con un grupo de cinco. Un susto múltiple. Porque no se trató de un avistamiento: las aves pasaron demasiado cerca. Fue la clase de encuentro que puede terminar con un animal dentro de un motor y con un piloto dentro de un problema. Lo sabemos, entre otras cosas, porque ya ha sucedido. El año pasado hubo en Loiu dos incidentes serios provocados por buitres. Uno consiguió que un inquietante salteado de animal y turbina cayese como una plaga bíblica sobre una urbanización de Zamudio. El otro, que un avión se viese obligado a activar en el aire el autoextintor y a regresar con urgencia a la pista.

Fueron emociones demasiado fuertes y pudo parecer que al menos servían como una de esas advertencias inapelables. Tras aquellos sucesos, los pilotos mostraron su enérgica preocupación, las preguntas llegaron a la Diputación y al Senado, los alcaldes del Txorierri se movilizaron y la directora de Loiu se reconoció «preocupada y ocupada» con el asunto...

Incluso se organizó una mesa de expertos.

Nada de eso ha impedido que se haya adelantado el buen tiempo y estén de nuevo los aviones esquivando buitres sobre Loiu. Lo del clima no es casual. Explican los ornitólogos que las temperaturas cálidas y los vientos propicios invitan a los carroñeros a volver a la acción. Aunque, en realidad, solo a la mitad de ellos. La otra mitad está incubando a sus crías. Será más entrada la primavera cuando salgan todos en busca de comida y aumente previsiblemente la amenaza en las cercanías del aeropuerto. No es posible que algo tan peligroso pueda sobrellevarse como un problema recurrente. Y es lo que se diría que ocurre. Pasan los meses y nadie parece tener claro por qué pasa lo que sigue pasando, ni tampoco cómo solucionarlo.