La baza republicana

El PNV aprovecha para erigirse en paladín de la regeneración y abandona definitivamente su antiguo pragmatismo respecto a la Corona

El portavoz del Partido Nacionalista Vasco en el Congreso, Aitor Esteban. /
El portavoz del Partido Nacionalista Vasco en el Congreso, Aitor Esteban.
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

El PNV sigue jugando con habilidad sus bazas en Madrid. A pesar de haber perdido la privilegiada posición de la que disfrutaba en tiempos de Mariano Rajoy, el jeltzale Aitor Esteban sigue jugando a protagonizar y condicionar los debates que agitan, como ayer, los pasillos del Congreso. El golpe de efecto que logró al forzar a Ciudadanos a posicionarse sobre la figura de la inviolabilidad del Rey, que a la postre dejó en el aire durante toda la tarde la aprobación de la moción naranja para urgir la supresión de los aforamientos, no solo volvió a retratar al diputado vizcaíno como el perejil de todas las salsas. Buscaba sobre todo poner en evidencia la doble vara de medir de algunos de los partidos de ámbito nacional (para quienes la Corona seguiría siendo intocable) frente a un PNV desacomplejado en su defensa de la regeneración democrática y la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos.

No es casual que la enmienda al texto de los liberales llegara en plena ofensiva de la oposición vasca contra los jeltzales por el rosario de casos de presunta corrupción (la negociación de los imputados en el sumario 'De Miguel', la condena de inhabilitación a Margüello, las irregularidades en las OPEs de Osakidetza, las responsabilidades en el fiasco de la planta de purines de Carranza) que han vuelto a la primera plana en las últimas semanas. Un contraataque de manual. Cosa distinta es qué haría el PNV si de la cuestión monárquica y de su voto dependiera la ulterior aprobación de la reforma de la Constitución para que diputados y senadores sean juzgados por un tribunal ordinario por delitos no vinculados al ejercicio de su cargo. En el grupo vasco dejaban ayer en el aire esa posibilidad. Mejor esperar a que se posicionen todos, los populares incluidos. De momento, defiende que la iniciativa abanderada por Pedro Sánchez, aunque loable, se queda corta porque debería afectar también a los jueces, a las fuerzas de seguridad y, sobre todo, a la Monarquía.

El 'traje' republicano del PNV no es nuevo. Lo estrenó hace ya algunos años, cuando la sociedad española -y más aún, la vasca- empezaron a arrugar la nariz ante los escándalos de una Familia Real hasta entonces protegida por un manto de silencio social, periodístico e institucional. Cuando ese invisible dique cayó, el PNV demostró su olfato para 'leer' al electorado y abandonó, más bien de golpe y porrazo, su antiguo pragmatismo respecto a la Corona. Un 'accidentalismo' que caló en el partido en tiempos de Arzalluz, a quien le parecía menos arriesgado -o más neutral con las nacionalidades históricas- un jefe del Estado con cetro y corona que un presidente de la República elegido por turno bipartidista. También soñaban aquellos jelkides con que la reintegración foral plena siempre estaría más cerca en una Monarquía parlamentaria que en una república. No en vano, la cercanía entre los territorios vascos y los Borbones se remonta al siglo XVIII cuando los primeros se posicionaron del lado de los segundos en la Guerra de Sucesión. Pero Urdangarin, el banquillo de la Infanta, los elefantes de Botsuana y Corinna cambiaron todo para siempre. El lehendakari Urkullu se declaró republicano -aunque nunca ha renunciado a apelar al papel moderador del Rey- y el PNV ahondó la brecha al posicionarse ya en 2014 contra el blindaje exprés del Monarca emérito que apadrinó el PP. La carta republicana es, en estos tiempos, un as en la manga.

 

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