El barco y el martillo

Luis Bárcenas, en una imagen de archivo./EFE
Luis Bárcenas, en una imagen de archivo. / EFE
Alba Carballal
ALBA CARBALLAL

El Partido Popular ha sido absuelto de todos los delitos derivados del borrado y destrucción de los ordenadores de Bárcenas. Al César lo que es del César: es de ley reconocer que, en el PP, lo de depurar responsabilidades penales y políticas se les da de muerte. Pienso en las palabras de Ana Botella después del mayor desastre ecológico que ha habido en nuestro país: «en la catástrofe del Prestige sólo hay un culpable: el barco». Touché. A diferencia del presunto responsable, el razonamiento no tiene fisuras. También me acuerdo del accidente de Angrois, cuya investigación se cerró con el maquinista y el director de seguridad de Adif como únicos imputados. Lo de los másteres irregulares es harina de otro costal, pero conviene no olvidar que lo que terminó con la carrera de Cifuentes fue una crema hidratante. La ganadora del campeonato nacional de echar balones fuera sigue siendo Esperanza Aguirre: en este caso, la diabla sabe más por diabla que por vieja, y aunque parece que se le acaba el chollo, entre consejeros rana y fugas en la Gran Vía ha conseguido mantenerse fuera de la piscina de barro del partido durante más de veinte años.

El juez ha dado por buena la tesis de que el PP siguió al dedillo el protocolo que marca su reglamento interno. Parece ser que en Génova tienen por norma reventar a martillazos los ordenadores de los trabajadores que dejan la organización antes de pasárselos al siguiente. Por si acaso, yo voy a avisar en el curro de que soy de fiar, no vaya a ser que vuelva el lunes después de las vacaciones y me encuentre sobre la mesa un cubo de chatarra. El comportamiento de las altas esferas del poder judicial en España se puede explicar parafraseando a otro popular ilustre: lo de la separación de poderes, ya tal. Al final va a tener razón Javier Durán, y el culpable de todo va a ser el martillo.