Baño de realismo

Los aprietos del Gobierno vasco para salvar las medidas sociales de sus fallidos Presupuestos retratan su situación en un clima preelectoral

El lehendakari, Iñigo Urkullu, conversa con los consejeros de Gobernanza Pública y Autogobierno, Josu Erkoreka, y de Desarrollo Económico e Infraestructuras, Arantza Tapia./EFE
El lehendakari, Iñigo Urkullu, conversa con los consejeros de Gobernanza Pública y Autogobierno, Josu Erkoreka, y de Desarrollo Económico e Infraestructuras, Arantza Tapia. / EFE
EL CORREO

El Parlamento aprobó ayer las medidas de urgencia por valor de 250 millones de euros presentadas por el Gobierno vasco para paliar los nocivos efectos sociales derivados de la retirada de los Presupuestos para el presente año, que carecían de la mayoría suficiente para su tramitación al contar solo con el apoyo del PNV y del PSE. El Ejecutivo, carente de aliados estables, salió airoso del trance tras haberse visto obligado a rectificar el trágala con el que intentó imponer a la oposición una votación en bloque de cuestiones dispares sobre las que los partidos tienen opiniones contrapuestas, como demostró el pleno. Lo hizo merced a los responsables guiños de Elkarrekin Podemos y del PP, y a la negativa de EH Bildu a participar en las votaciones. Paradójicamente, la actitud rebelde con la que la izquierda abertzale quiso escenificar su rechazo a un procedimiento que impedía incluir enmiendas en los proyectos garantizaba en realidad su refrendo al impedir de forma matemática una mayoría en su contra. Una mayoría que en ningún caso se habría producido gracias a Podemos y a los populares.

El consejero de Hacienda agradeció con sorna el favor de EH Bildu, disfrazado de plante, en un debate plagado de agrios reproches y con tono electoralista. La Cámara dio luz verde a la subida salarial del 2,25% para los empleados públicos, a un incremento idéntico de la partida para financiar las retribuciones de los profesores de la enseñanza concertada y a una mejora del 3,5% de la RGI. La aprobación de estas razonables iniciativas, cuyo coste es asumible para la Administración, evita el despropósito de que sus 150.000 afectados sean penalizados por estratagemas partidistas de corto vuelo en un periodo preelectoral. El aval del Parlamento constituye un alivio para el Gobierno. Pero el tira y afloja previo también le ha supuesto un baño de realismo frente a la altivez con la que ha actuado en este caso. Sus 37 escaños –38 suma la oposición– le otorgan cierta holgura, pero le obligan a buscar respaldos para cada proyecto o confiar en que la izquierda abertzale, Podemos y el PP no coincidan en el sentido de sus votos. Aunque la sucesión de elecciones en los próximos meses dificulta al Ejecutivo de Urkullu la consecución de acuerdos, no resulta deseable que los apuros que ha pasado para salvar estas medidas sociales de sus fallidos Presupuestos sean el preludio de una inestabilidad política.