Banderas caducadas, agendas movedizas

Banderas caducadas, agendas movedizas
EFE
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

La famosa foto de las derechas en Colón puede ser vista e interpretada a través de laspresencias y de las ausencias. Una manera compartida de entender España encuadró en el mismo plano a los líderes del Partido Popular, Vox y Ciudadanos. Durante las siguientes semanas esa presencia consciente del partido naranja ha sido reforzada por el compromiso público de Albert Rivera de solo intentar gobernar con sus compañeros de foto.

La ausencia más relevante en la foto fue la del público. El poco tirón de la bandera de España de Colón para conseguir una movilización comparable al 'shock' que produjo la irrupción de Vox en las instituciones andaluzas tiró por tierra las explicaciones más simplistas que colocaban el debate territorial como único factor explicativo de la pérdida del poder socialista en Andalucía.

El juicio al proceso soberanista de Cataluña estaba señalado en el calendario por los vendedores de la bandera de España de Colón como el mejor escaparate para presentar su mercancía reparadora de un presunto orgullo nacional herido. Esperaban incluso que la acusación popular representada por Vox recargara el argumentario nacionalista para saciar a una ciudadanía que se creía en permanente estado de excitación contra el movimiento independentista catalán.

Pero eso no está pasando, ni hay multitudes ultras presionando físicamente en los alrededores del Tribunal Supremo ni el juicio al 'proces' ha colocado el debate territorial y el peligro de ruptura de la unidad de España en el centro de la agenda de los españoles. Si miramos el listado de problemas del último CIS, cuesta trabajo encontrar ciudadanos que no puedan dormir por el conflicto territorial abierto en Cataluña.

El ascenso continuo del PSOE en todas las encuestas se ha producido en el momento en el que es más fácil diferenciar su idea de la bandera de España de la que defienden los del trío de Colón. Se demuestra que salirse de la unidad en torno al 155 permanente y las políticas represivas, donde estaba el PSOE durante el mandato de Rajoy, no tiene los costes electorales que temían los miedosos barones territoriales y los viejos santones del socialismo.

El poco interés con el que se sigue el juicio fuera de Cataluña puede estar relacionado con que cada vez parece más claro que lo que vimos todos en tiempo real fue lo que realmente pasó. Es una película que ya hemos visto todos. Ni la Fiscalía, ni los testigos, ni la acusación popular están aportando pruebas que desmientan la realidad. Se está juzgando a unos líderes políticos desobedientes que querían cumplir un mandato electoral que desbordaba el marco legal y a los que no se les ofreció ninguna salida política desde el Gobierno. No hubo violencia, no hubo rebelión, no hubo sedición. Y por supuesto, no hubo un golpe de Estado. Si en el juicio estuvieran saliendo pruebas que demostraran lo malvados y violentos que fueron con sus acciones los políticos independentistas se estaría avivando el proyecto incendiario con el que la nueva derecha quiere inundar la política española. No hay nada de eso.

Es probable que aparezcan nuevas banderas que intentarán alterar la agenda sin ninguna relación con la integridad territorial del Estado. En el aire ya está flotando la inmigración y la competencia por los escasos recursos del Estado de Bienestar. También la guerra a la ideología de género y la construcción del marco de un feminismo liberal alternativo. Lo que parece claro es que el debate territorial no ha polarizado tanto a la sociedad española, que es mayoritariamente partidaria del diálogo para resolver el conflicto político en Cataluña.