Baltasar o 'toda la verdad'

El amparo consistorial no sería tan unánime si su rey mago hubiera cantado en voz alta otras verdades más espinosas

Baltasar o 'toda la verdad'
Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Hay un tópico que se repite en las clásicas películas de indígenas: el del hombre blanco que, desconocedor de sus costumbres, comete un imperdonable error, rompe un tabú que es sagrado para la tribu y se pone en una situación comprometida en la que peligra su integridad física. Me he acordado de ese recurrente lugar común del cine ante el caso del Baltasar de Andoain, el inmigrante al que disfrazaron de Mago de Oriente y que metió la pata proclamando que «los Reyes son los padres». Hay quien ha reaccionado en las redes sociales como esos indígenas del tópico cinematográfico. O sea que aquí los únicos salvajes son esos blancos que se creen muy civilizados y querían llevar a su locuaz Majestad a la hoguera. En ese contexto, me ha parecido oportuna la defensa cerrada que el equipo municipal de Andoain ha hecho de su Baltasar. Lo que pasa es que yo iría un poco más lejos que ellos. Yo es que a ese buen hombre que recorrió miles de kilómetros, y saltó de un continente a otro para cantarles las verdades a los andoaindarras, lo nombraría Baltasar vitalicio. Le haría un contrato fijo para que cantara las verdades del barquero todas las noches de Reyes o, incluso, varias noches al año. Uno se imagina, en fin, al Baltasar de Andoain gritando desde ese balconcillo oficial, por ejemplo: «¡Que sepáis que no hay una raza vasca sino que la única que existe es la raza humana!». O diciendo esto otro: «¡Que sepáis que Euskal Herria nunca fue independiente; que Sabino Arana os mintió y que la nación vasca son los padres!».

Uno imagina la conmoción que experimentarían en esa plaza los niños grandes, que -sospecho- sería bastante más gorda que la que sintieron después de la cabalgata los niños chicos. No sé por qué me parece que el comunicado que lanzaría el Ayuntamiento tras esas proclamas no sería tan solidario con el 'afromago' como el que firmaron el 6 de enero. No sé por qué tengo la impresión de que el amparo consistorial no sería tan unánime si su Baltasar hubiera cantado en voz alta otras verdades más espinosas, como la de que fueron «indecentes» y «miserables» las pintadas de «José Luis, jódete», que siguieron en ese mismo pueblo al asesinato de López de Lacalle, o las que luego mancharon el monolito levantado en su recuerdo. No sé yo si las muestras de tolerancia con ese Baltasar por horas habrían sido las mismas si hubiera dicho -pongo por caso- que fue una canallada innombrable el recibimiento que hace un año se les hizo en ese pueblo a los dos etarras que colaboraron en el asesinato de Joseba Pagazaurtundua.

Yo creo que un Baltasar así sería más necesario que el agua en esa localidad gobernada por Bildu. Un Baltasar que no se cortara un pelo a la hora de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: «Que sepáis que no sois un pueblo que destaque por la tolerancia y que tenéis una alcaldesa que de regalo se merece carbón».