la ayuda

Ángela Merkel y Pedro Sánchez./EFE
Ángela Merkel y Pedro Sánchez. / EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

En lo que llevamos de agosto se han demostrado dos cosas: que la mortalidad es evitable y que no sabemos cómo evitarla. Los estudios de la Escuela Nacional de Sanidad corroboran que la contaminación atmosférica se ha convertido en un asesino transparente. Todas las muertes son prematuras porque estamos diseñados para vivir una temporada muy corta, por eso respirar sale carísimo. El 3% de todos los que nos han abandonado últimamente sin dejar señas de su paradero asciende a un número mayor que el de los accidentes de tráfico. No un poco mayor, sino ocho veces más grande.

Mientras, la canciller alemana y el presidente español se reunían en Sanlúcar de Barrameda para tratar de contener la invasión de las pateras. Se ha llegado a un punto, en opinión de doña Ángela, en que decir que un inmigrante es un ser humano merece las críticas de algunos sectores, no sin antes asistir a otros episodios del desguace. Por suerte o por convencimiento, o por las dos cosas, la canciller es enemiga del racismo y cada vez más amiga de Pedro Sánchez, a quien empuja a endurecer la política migratoria, ahora que a Grecia le ha llegado el fin de los rescates financieros, que son los únicos que pueden hacerse sin dinero.

Por su parte, María Teresa Fernández de la Vega nos advierte a todos los que somos más o menos machistas de que las mujeres, que son la mitad del cielo, no piensan tolerar la falta de respeto, ni la sobra de consejeros. Lo que más prisa corre es ayudar a Marruecos, una vez muerto Blas Infante, que nos quiso poner en la cabeza, más bien vacía de proyectos, un vistoso turbante. Que, por cierto, no nos cabe ni empujando, porque no hay holgura suficiente.

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