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Asunto de faldas

Ignoro si los psicólogos que observaban el comportamiento de los poderosos se fijaron en el sutil e inteligente desarme al que sometían las anónimas mujeres a los que se creían invencibles

Juan Carlos I. /
Juan Carlos I.
Elena Moreno Scheredre
ELENA MORENO SCHEREDRE

Cuando hablamos de «asunto de faldas», esa terminología machista tan utilizada para minimizar comportamientos, nos referimos a un hombre poderoso que pierde pie profesional al conocerse una relación, generalmente paralela a la establecida. Tropezamos con la frase en los currículos y reseñas de políticos, monarcas y poderosos masculinos cuya fortaleza fue asediada por una débil mujer. En realidad, la causa formal de su destronamiento acostumbra a ser colateral; casi todos fueron descubiertos en mala postura al compatibilizar el tiempo laboral con el ocio devocional. La historia ha demostrado que cuando no se abría la puerta principal del poder, las mujeres sabíamos que la de atrás conducía a las mismas estancias.

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