Sus apuestas

La cercanía entre salones de apuestas y colegios llega al pleno

Un hombre pasea frente a una de las casas de apuestas deportivas que funcionan en Bilbao./Borja Agudo
Un hombre pasea frente a una de las casas de apuestas deportivas que funcionan en Bilbao. / Borja Agudo
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

A veces los debates entran en escena como las bandadas de pájaros. Se los ve llegar desde lejos. Ocurre ahora con los salones de apuestas, un asunto que asciende de las tertulias de la tele a los parlamentos, que son las plantas nobles de la discusión pública. En el Parlamento vasco se trató el asunto a instancias de Podemos en noviembre. Por esas fechas, el Ayuntamiento de Vitoria adoptó un acuerdo para estudiar cómo establecer distancias entre salones de juego y centros educativos. En Getxo una iniciativa similar no prosperó. En Bilbao el asunto llegará al turno vecinal del pleno de febrero. Lo hará a instancias del colectivo Eragin de «jóvenes precarizados». Quieren evitar la cercanía entre salones de juegos y centros educativos.

Dejando a un lado que la juventud está en gravísimo peligro desde Grecia, sorprende la importancia que parece otorgársele a que los salones de apuestas estén cerca de los jóvenes cuando los jóvenes pueden hoy llevar un salón de apuestas en el bolsillo. Uno, además, personalizado, con sus avisos: ¿vas a dejar de ganar dinero fácil con la jornada de Champions? Que en esa jornada los grandes equipos sean patrocinados por casas de apuestas en cuyos anuncios participan, además de los jugadores, los locutores y comentaristas más famosos parece otro factor importante a la hora de poner a un joven ante el abismo de las conductas adictivas. Es, por otra parte, un abismo con el que los jóvenes se familiarizan hoy desde niños. Si se fijan en los juegos más exitosos de las tabletas y los telefonitos, comprobarán que son la fiesta de la recompensa variable: estrellas, monedas, ruletas, pavos… Ese subidón de dopamina es el motor mismo de la adicción.

Parece claro que el riesgo está antes en las pantallas que en las calles, aunque se entiende que nada puede hacer un Ayuntamiento con Cristiano y Neymar, qué idolazos, anunciando que van a echarse un pokercito 'online'. Quizá haya que perfeccionar las leyes que ya regulan la apertura y el funcionamiento de los salones de apuestas, pero convendría hacerlo sin caer en el puritanismo por la peor vía, que es la de la patraña. Triunfa la que asegura que los salones se multiplican en los barrios obreros para anular a la juventud. Como la droga en los ochenta, vaya. El principio de parsimonia invita a recordar que igual los salones abren más allí donde el metro cuadrado es más barato.