EL PNV APARCA LOS GRANDES PROBLEMAS

El nuevo Estatuto, el terrorismo en las aulas o la ley que regula cómo se reparten el dinero las instituciones. Los jeltzales exhiben una preocupante incapacidad para forjar consensos y optan por ganar tiempo para no ser castigados en las urnas

EL PNV APARCA LOS GRANDES PROBLEMAS
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Cualquiera pensaría que los máximos líderes del PNV, el presidente de su ejecutiva nacional Andoni Ortuzar, y el lehendakari Iñigo Urkullu, acaban de descubrir a Mariano José de Larra, uno de los grandes escritores románticos españoles del XIX. Más aún. Hasta podría parecer que ambos han leído hace poco su mordaz artículo periodístico 'Vuelva usted mañana', que vio la luz nada menos que allá por 1833, y ante la manifiesta incapacidad de su partido y de su gobierno para forjar consensos y encauzar varios problemas pendientes graves, han optado por seguir su ejemplo y guardarlos en un cajón hasta que asomen tiempos más propicios.

Ironías al margen, la realidad nos muestra que el PNV, primer partido del país, formación orgullosa como pocas de su capacidad para la gestión de lo público, ha decidido aparcar para el futuro tres relevantes asuntos de la agenda vasca de evidente voltaje político.

En concreto, el nuevo Estatuto que los jeltzales quieren que sustituya al de Gernika. El proyecto para explicar a los escolares vascos el fenómeno del terrorismo etarra. Y la Ley de Aportaciones, que es la norma que debe fijar cada tres años cómo se reparte el dinero que ingresan las haciendas forales entre el Gobierno vasco, las tres diputaciones y los ayuntamientos, tras abonar al Estado el Cupo anual, el cheque con el que contruibuimos al sostenimiento de las competencias que ejerce el Estado en la comunidad autónoma. Desde el Ejército a la Corona pasando por las fronteras o, de momento al menos, las prisiones.

Lo curioso es que en dos de estos asuntos -el nuevo estatus y las unidades didácticas sobre ETA-, el PNV ha ido a contenidos de máximos hasta conseguir que todas las formaciones no nacionalistas y la inmensa mayoría de los colectivos de víctimas tildaran de inaceptables sus planteamientos. Entonces, y sólo entonces, la reacción peneuvista ha sido abrir un paréntesis de unos meses para ver si es posible recomponer o lograr los deseables consensos.

En el asunto de la Ley de Aportaciones, el fracaso peneuvista todavía resulta más flagrante. La norma debe actualizarse cada tres años. La actual está prorrogada desde 2012. Y eso que todas las grandes instituciones vascas implicadas en esta cuestión se hallan en manos del partido guía. Da igual. No ha sido posible acuerdo alguno.

O lo que es lo mismo, el Gobierno vasco PNV-PSE del lehendakari Urkullu no ha sido capaz de consensuar nada con las diputaciones PNV-PSE que presiden sus compañeros de militancia, el alavés Ramiro González, el guipuzcoano Markel Olano y el vizcaino Unai Rementería-. El EBB de Ortuzar ha renunciado a imponer una salida a sus representantes institucionales.

Las elecciones mandan

Parece evidente que los jeltzales han actuado así porque se aproximan varios procesos electorales seguidos. Los primeros, los comicios municipales, forales y europeos del 26 de mayo próximo.

Y es que no parece que dé lo mismo que el PNV se presente ante el electorado con un pacto nacionalista radical con la izquierda abertzale de Arnaldo Otegi en materia de autogobierno y con un proyecto para enseñar la realidad etarra en nuestros institutos de corte absolutamente equidistante, que cuenta con el repudio de los partidos no abertzales y los colectivos de víctimas, que hacerlo en pleno tiempo muerto.

Con el reparto interno del dinero de los impuestos sucede algo de alguna forma parecido. Si se hubiera aprobado una ley que aumenta el dinero que va Ejecutivo vasco y disminuye el que se quedan las diputaciones, le hubiera faltado tiempo a los rivales del PNV para acusarles de castigar a los territorios. Lo mismo que, por ejemplo, si se aumentan los dineros que se quedan Álava y Gipuzkoa en perjuicio de Bizkaia. Buenas cartas para Ramiro González y Markel Olano, malas para el todopoderoso Rementeria.

El PNV ha jugado, sigue jugando, al cortoplacismo político. Puede, hasta es muy posible que ello le sea rentable en las urnas, habida cuenta del mínimo interés de la mayoría de los ciudadanos en adentrarse en estos vericuetos de la baja política. En cambio, ello no realza su posición de partido importante.

Pasadas elecciones, tiempos muertos y el juicio a los políticos encausados por el fallido 'procés' veremos qué PNV nos encontramos. Que PNV y que mapa político general en España. Si el PSOE se mantiene en La Moncloa a pesar de todos los pesares o si vamos a unas generales, qué resultado y qué tipo de pactos posteriores se rubrican.

Los de Ortuzar saben que para que Madrid acepte las demandas vascas de autogobierno no puede plantarse en el Congreso de la mano de EH Bildu. Sería plenamente legítimo, por supuesto, pero su efectividad, nula.

Sobre el terrorismo en las aulas, las artimañas de Jonan Fernandez y la protección absoluta que le blinda el lehendakari -a él y a sus manejos- invitan a cualquier cosa menos al optimismo. Sería un grave y peligroso error.

En cuanto a los dineros, veremos si se alcanza una solución de consenso -impuesta o no por el EBB- o vamos a alianzas de intereses de unas instituciones frente a otras.